6 abr. 2016

A BORDO DEL MARITÉ

Si eres amante del mar, de la pesca, de los barcos y de la historia que tras ellos se esconde, seguro que no te perdiste la Festade la cultura marítima “Escala a Barcelona” que se realizó por primera vez el pasado 18, 19 y 20 de Marzo de 2016 en el Port Vell de Barcelona.
Estuvimos presentes el 18 al medio día, bajo un sol radiante que te invitaba a quitarte la chaqueta y disfrutar de la brisa marina que llegaba hasta el Moll de la Fusta en donde abordamos la goleta francesa de tres palos denominada Marité.
Fue uno de los primeros barcos que llegaban para anudar sus amarras y esperar ser abordados por cientos de barceloneses y visitantes con deseos de experimentar la sensación de libertad al imaginarse ir navegando por mar abierto sin que nada ponga freno al impulso que da el viento a las velas del Marité.
Saber que al poner un pie sobre esa madera pulida del único velero que subsiste de los que desde el siglo XVI iban a la pesca del bacalao, te llena de una sensación de aventura al transportarte a sus años mozos, cuando el Marité realizaba la travesía hacia el territorio canadiense de Terranova.
Y aunque el Marité es de construcción relativamente reciente, lo interesante es que a 93 años de vida tiene mucha historia que contarnos entre esas paredes finamente reconstruidas, talladas, pulidas y barnizadas tras su salvación por las autoridades normandas en el 2006.
A pesar de que en años pasados debía ser un barco con mal olor mientras fue usado como barco de pesca, o con mal aspecto mientras sirvió para cabotaje de mercancías entre puertos daneses, actualmente y tras su remodelación que le ha dado un nuevo atractivo visual, el barco atrae a expertos y curiosos de la navegación que lo abordan inquietos por descubrir como debió ser la vida a bordo en aquellos largos trayectos y años en cumplimiento del propósito para el que había sido construido originalmente.
Pudimos constatarlo y experimentar esas mismas sensaciones, paseando por su cubierta, escuchando a los tripulantes contarnos sus actuales travesías e incluso degustando algunos de los alimentos que proporciona el mar como ostras o las famosas tielles, empanadillas rellenas de guiso de pescado y pulpo, todo bien acompañado con unos buenos vinos de la tierra de destinación de la Escala a Sète, el puerto de Sète, en donde continuó la fiesta de las tradiciones marítimas en celebración del 350 aniversario del que es considerado como uno de los puertos más bellos del mundo.
Pero si por alguna razón te has quedado con las ganas de abordar al Marité, ten en cuenta que siempre podrás subir a bordo para dar un paseo por la bahía del Mont Saint Michel, saliendo desde su puerto de atraque en Granville, donde suele pasar el resto del año.   

(Post escrito por Alejandra Camacho)
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