9 dic. 2015

NEGUEV, EL DESIERTO DE ISRAEL

EL GRAN DESIERTO DEL NEGUEV

Desde lo alto del Monte Avnon diviso un paisaje rocoso, yermo, desnudo y estéril. Pero fascinante. Delante de mis ojos se abre una expansión de terreno abrupto, un ancho vacío más allá del acantilado en el que me encuentro. En el horizonte se perfila la silueta de colinas lejanas, medio difuminadas por el polvo. En la llanura, la roca toma colores ocres, marrones, negros, amarillos y marfilados, que conforman una paleta magníficamente diversa. Me encuentro contemplando el Cráter de Yeroham, en medio del desierto del Néguev, pero bien podría encontrarme, como el nombre quiere recordar, en la Luna.

El Néguev

Con sus más de trece mil kilómetros cuadrados, el desierto del Néguev cubre más de la mitad de la superficie del Estado de Israel, y aunque en los textos bíblicos aparece mencionado más de cien veces (entre ellos, fue el lugar en el que se retiró Abraham cuando fue expulsado de Egipto), hasta hace relativamente poco la industria turística del país no le había hecho demasiado caso.
En hebreo Néguev significa tanto “seco” como “sur”, y es que ocupa toda la extensión media del país, con forma de triángulo invertido, hasta llegar a Eilat, en el Mar Rojo, y sin embargo tiene algunos de los paisajes más fabulosos del país que vale la pena conocer. 
Hasta hace pocos decenios era una extensión solo habitada por familias beduinas nómadas que se movían por el desierto buscando algunos pastos para sus camellos y cabras. Pero a partir de la creación del Estado de Israel se empezó a crear asentamientos allá donde se encontraba agua suficiente. Be’er Sheba, la capital de la región en el norte del desierto, tiene más de 200.000 habitantes, pero existen otras pequeñas poblaciones dispersas, tanto judías como beduinas, e incluso unos cuantos kibbutzim que aprovechan algunos oasis para conrear sus cultivos.

En Avedat

Uno de estos kibbutz, el de Sde Boker, alojó al primer ministro Ben Gurion cuando abandonó la política y, finalmente, a petición suya, fue enterrado con su mujer junto a las vistas al valle de Zin, en los montes Avedat. Ben Gurion fue el primer visionario en creer que la vida podía llegar al desierto y que el deber del país era poblarlo y hacerlo florecer. Llegamos tras superar un puerto de montaña, entre desgastadas laderas, y el frondoso y bien cuidado bosque con el sendero que conduce hasta el lugar de reposo del primer ministro y su esposa ya nos anunció que sería algo especial. Bajo unos árboles y la bandera de Israel, las dos tumbas yacen al sol delante de un balcón que se abre a un paisaje para contemplar por toda la eternidad. El extenso valle de roca desnuda se presenta como la piel erosionada y arrugada de una tierra envejecida que, sin embargo, muestra en su tosca rugosidad la fuerza indómita de las fuerzas geológicas.
Remontando el río hacia la montaña, este se pierde en un cañón rocoso que penetra la roca y desaparece entre altos acantilados. Se trata del Parque Nacional de En Avedat, una de las joyas del desierto. Bajamos en el coche hasta el aparcamiento, y mientras el conductor nos iría a buscar al otro lado de la montaña, iniciamos el paseo. Un camino de polvo conduce, serpenteando entre algunas charcas de agua y juncos que crecen a la sombra de las altas paredes, hasta una poza enorme que recoge el agua de manantiales superiores antes de que esta se cuele por encima de la roca pulida que le hace de presa. Incluso en verano, cuando las temperaturas superan fácilmente los cuarenta grados, esta agua mantiene fresco el ambiente. 
El camino sigue por una hora más de trayecto, elevándose mediante escalones cortados en la roca para poder remontarse hasta encima de la cascada que alimenta la poza. Y más allá de esta el camino sigue remontando poco a poco el curso del río hasta llegar al pendiente más abrupto del precipicio. Es momento de mirar atrás para ver el tramo recorrido, sorprenderse ante la belleza del cañón superado e intentar divisar alguno de los buitres que recorren los cielos en busca de comida. Incluso si hay suerte pueda verse, saltando por las rocas, alguno de los íbices que son el símbolo del parque.
El último tramo es el más duro y peligroso, ya que el camino se convierte en algunos puntos en una escalera de metal por la que hay que trepar, y un sendero empinado que serpentea ladera arriba. Casi antes de llegar al altiplano superior el camino gira a la derecha y llega hasta un par de cuevas excavadas en la roca durante el período bizantino. Desde aquí los monjes que las habitaban hacían contemplación espiritual pero, sobretodo, me imagino, se debían pasar horas en el balcón frente a su cueva, admirando unas vistas que podrían inspirar a cualquier poeta.

Ramon Makhtesh

Hay unas vistas incluso más espectaculares en la siguiente parada, el Crater Ramon. Este es en realidad el mayor makhtesh del mundo un tipo de cráter que ni ha sido formado por el impacto de un meteorito ni por la erupción de un volcán. Se formó, como los otros, a partir de la erosión de millones de años de la roca más débil, que abandonaba el espacio a través de la salida del wadi o río. El de Ramon tiene cuarenta kilómetros de diámetro y una profundidad de quinientos metros, cosa que permite entender el porqué de su título de importancia como el mayor del mundo. Y para gozar más de la experiencia lo mejor es visitarlo sobre un camello paseándose por su borde y contemplando la magnificencia de su paisaje interior erosionado. La vida en el desierto del Néguev está indisolublemente ligada al camello, y sin este animal sus pobladores originales, los beduinos, difícilmente hubieran podido vivir en él.

Vida beduina

Para entender mejor el modo de vida nómada aplicado en el desierto el día termina con una comida tradicional en una tienda beduina, y tomando el té con su propietario, Salim. Tiene un par de esposas y cinco hijos, y aunque es de origen beduino, cada vez se encuentra con más dificultades para poder seguir el modo de vida tradicional de los beduinos. Para empezar, el gobierno quiere sedentarizar a los beduinos, por lo que el nomadismo inherente a su modo de vida es casi imposible. Pero, a favor, sus hijos e hijas pueden ir a la escuela cercana, donde aprenden árabe, hebreo e inglés.
–Ellos aprenden cada día durante ocho horas el modo de vida moderno –me explica Salim–. Pero cuando anochece, junto al fuego, yo les explico viejas historias beduinas, les enseño las costumbres de nuestro pueblo y como sobrevivir en el desierto.
Salim enciende un cigarrillo con una de las brasas ardientes que calientan el té y deja escapar una nube de humo que se desvanece antes de llegar a la tela que nos protege:
–Así, en un futuro, cuando sean mayores, ellos tendrán las dos formaciones. Y entonces podrán decidir si quieren vivir según la vida moderna o la vida de los beduinos.
Sea cual sea su elección, sin embargo, les tocará vivir aquí, en el Néguev, un desierto austero, tosco, difícil y demandante, pero de una belleza refinada.


Este post ha sido posible gracias a la colaboración de AbrahamTours, que es el organizador  de la salida organizada Best of the Negev.
#AdVIsrael

4 dic. 2015

DESIERTO DE JUDEA OFF-ROAD

DESIERTO DE JUDEA, EL PEQUEÑO GRAN DESIERTO

La pequeña expedición de dos vehículos todoterreno abandonó las tranquilas calles de Jerusalén y se internó en el corto túnel que atraviesa Monte Scopus. En nuestros ojos todavía estaba grabada la imagen de los amplios edificios de la Universidad Hebrea, entre esplendorosos cipreses y pinos, así que lo que vimos al salir otra vez a la luz atravesado el túnel, fue todavía más sorprendente. El vacío. El desierto. Una extensión de pequeñas colinas descendentes casi desprovistas de vegetación, que se alargan en el panorama hasta cubrir todo el horizonte de un rugoso terreno baldío. Entrábamos en Yeshimon, conocido en hebreo como Midbar Yehuda y en español como el Desierto de Judea
Fue aquí donde trajo el diablo a Jesús para tentarle después de 40 días y 40 noches de ayuno, y viendo la extensión yerma no pude menos de pensar que sería sin duda una de las peores pruebas para tentar el ánimo de cualquiera.
Con una extensión de 1.500 kilómetros cuadrados, el desierto de Judea empieza justo al lado de Jerusalén, donde la elevación montañosa condensa el agua de las nubes procedentes del Mediterráneo e impide que llegue humedad al desierto colindante. Se extiende hacia la depresión del mar Muerto y el Valle del Jordán, bajando de los 800 metros de la capital hasta los -424 metros del famoso lago salado, y lo hace en menos de 25 kilómetros de longitud, por lo que el cambio no es gradual sino de golpe.
Aunque pequeño comparado con otros desiertos (por ejemplo con el Néguev, en el mismo Israel), el Desierto de Judea tiene algo que lo hace sorprendente: su historia.
No son muchas las compañías que ofrezcan tours para poder conocer el desierto, imprescindible para poder internarse con un todoterreno, así que cuando se me presentó la oportunidad de poder hacerlo con un grupo, acepté encantado.

Granja beduina

La primera parada fue a pocos kilómetros de Jerusalén, justo al inicio del recorrido, ya en terreno abrupto, árido y salvaje de Cisjordania. Esta es zona de beduinos, y aquí vive Abu Habib con su familia y sus rebaños de cabras y ovejas, los únicos animales productivos que pueden sobrevivir en este desierto. Los beduinos venden su leche, quesos, carne y pieles en pequeños poblados como el de Obadia para poder comprar te, café y harina. No necesitan más… Sólo agua, que sacan de cisternas donde se acumula la escasa agua de lluvia proveniente de la pendiente de la montaña.
   

Monte Azazel

Un largo camino recorre escarpadas laderas y sube finalmente a lo alto del Monte Azazel, que con sus 524 metros de altura es el pico más alto de la región y desde aquí puede verse la fortaleza de Herodión, el mar Muerto, Jerusalén y Jericó. Según la tradición bíblica y de la mishná, era en esta cima donde el chivo expiatorio era enviado desde el gran templo de Jerusalén para ser sacrificado en la montaña. Mientras salían de la ciudad santa sus habitantes traspasaban sus pecados al pobre animal, que después de un largo y fatigoso viaje hasta la cima era arrojado al vacío por un escarpado precipicio. Al pie de la montaña se han encontrado huesos que vienen a reforzar esta opinión, así como restos de un monasterio bizantino en su cima que indicaría también su interés religioso para los cristianos.
Nir, nuestro conductor y guía, nos recordó que en hebreo Azazel significa “infierno”, por lo que él, que trae grupos aquí casi a diario, se enorgullece de ser el mejor marido del mundo. ¿Por qué? Porque cuando su mujer le manda al infierno, él sí va.


Mar Saba

Donde las evidencias cristianas son aún patentes en el Desierto de Judea es en el Monasterio de Mar Saba
Construido en el 483 d.C. por San Sabas, el monje capadocio que fundó varios monasterios, el de Mar Saba es el más famoso especialmente por su ubicación, medio colgado de un precipicio sobre el río. Cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial en el siglo IV d.C. en todo el imperio romano, los mártires ya no tuvieron la posibilidad de ser perseguidos por el imperio, así que buscaron otra forma de mortificación para poder llegar a Dios. Y lo hicieron buscando el peor de los desiertos que conocían: el de Judea, donde el mismo Jesucristo pasó los 40 días y noches de ayuno. Desde entonces, varios anacoretas empezaron a vivir aislados en cuevas del desierto, hasta que San Sabas empezó a construir los monasterios y empezó a formar comunidades. Desde entonces, Mar Saba pertenece a la Iglesia Griega Ortodoxa y es uno de los monasterios más viejos del mundo aún utilizados. Con la llegada de los cruzados se construiría la muralla, las puertas de entrada y los pilares de refuerzo en la base del monasterio, pero a su retirada se llevarían el cuerpo en el siglo XII y solo sería hasta 1965 cuando el Papa Pablo VI lo regresaría al monasterio desde Venecia.

El desierto

Descendimos por pistas de montaña, difíciles, estrechas, que cruzaban a veces algunas de las muchas ramblas y vados que normalmente se encuentran secos pero que cuando llueve en las montañas rápidamente se llenan de agua de forma peligrosa. Así como en Estados Unidos hay gente aficionada a perseguir tornados para verlos de cerca, aquí en Israel y Cisjordania existe gente aficionada a ver las crecidas de estos ríos. Algunas veces el agua se acumula tan arriba que cuando baja lo hace en forma de un muro acuoso de varios palmos de altura. El paisaje es tan agreste que el ejército israelí lo utiliza entre semana para sus prácticas de tiro, y aquí solo sobreviven algunos asnos y camellos que se alimentan libremente hasta que sus amos beduinos no los vienen a buscar para vender.


Nabi Musa

Siguiendo el Valle de Hureqanya llegamos a Nabi Musa, un centro de peregrinaje, mezquita, cementerio y, sobretodo, tumba de Moisés según la tradición beduina. Se dice que Saladino fue uno de los impulsores de la creación de un centro de descanso para los caminantes que hacían la ruta entre Jericó y Jerusalén, puesto que aquí se encontraban a medio camino. Desde el lugar se divisa el perfil del Monte Nebo, en la sierra de Moab, más allá del Valle del Jordán. Según la Biblia fue en esta montaña donde murió y está enterrado Moisés, que pudo ver Tierra Santa desde lo alto de la montaña pero a quien Dios había prohibido pisarla. 
Cuando el sultán mameluco Baibars al-Bunduqdari mandó construir en 1269 un hospicio para los peregrinos que recorrieran el camino de Jerusalén a la Meca, lo llamó Nabi Musa en recuerdo del profeta la tumba del cual se distinguía desde aquí. Con el tiempo, sin embargo, la gente acabaría confundiendo el nombre con la tumba, e incluso se construiría una tumba de Moisés (visible desde las ventanas que dan a un patio). Desde lo alto del primer piso del hospicio se ve el cementerio, al que los creyentes beduinos quieren ser enterrados para estar cercanos al profeta…

Wadi Qelt

Atravesando el Desierto de Judea desde Jerusalén a Jericó, Wadi Qelt (o Nahal Prat en hebreo), es un estrecho cañón de montaña por el que corre un río que da vida a una extensa flora y fauna local. El cañón se utilizó desde hace siglos como camino natural para unir las dos antiguas ciudades, por lo que no es de extrañar que contenga una de las sinagogas más antiguas del mundo Shalom Al-Synaogue y uno de los monasterios más antiguos del mundo, el de San Jorge. Este pertenece a la Iglesia Ortodoxa Griega y, como el de Mar Saba, está medio construido en la ladera empinada de la montaña, por lo que ofrece a la vista un magnífico ejemplo de elegancia, sobriedad y fusión con la piedra.
Pero donde sin duda el paisaje acaba mostrando todo el vigor y magnificencia del Desierto de Judea es un poco por encima del monasterio. Desde aquí se extiende la vista desde Jericó hasta Jerusalén, y por en medio toda la extensión del desierto ondulado de colinas y montañas arrasadas por el viento, el calor y el vacío.
–No se puede explicar como es el desierto –nos dijo Nir en la cima de una de estas montañas, con el desierto a nuestro alrededor–. Hay que vivirlo para entenderlo. Y ahora vosotros ya lo habéis vivido y conocido.
Nos quedamos todos en silencio, escuchando el vacío del desierto, ese silbo apacible y delicado que escuchó Elías tras el terremoto y el fuego. Ahí había mucho más que un desierto. Mucho más que un silencio baldío. Había allí pura belleza…
   


Este post ha sido posible gracias a la colaboración de AbrahamTours, que es el organizador  de la salida organizada Judean DesertJeep Tour

24 nov. 2015

PISA, más allá de la torre inclinada

VISITANDO PISA, ADEMÁS DE SU TORRE INCLINADA

Todo el mundo sabe que en Pisa, una de las ciudades más famosas de la Toscana italiana, hay una torre inclinada. A la pregunta de qué función tiene la famosa torre, pocos aventurarán, con acierto, que se trata del campanario de la catedral junto a la que se levanta. Pero cuando preguntamos la fecha de construcción, el nombre del arquitecto o el material con la que se construyó, el silencio suele mostrar la ignorancia más oscura.
Y es que lo más famoso de Pisa es su torre inclinada, pero poca gente sabe qué hay además de interesante en la ciudad. Por ejemplo, se sorprenderán seguramente sus visitantes al conocer que en Pisa existen otras dos torres inclinadas o que la tan famosa torre inclinada no es la que tiene una mayor inclinación del mundo (en el oeste de Alemania se encuentra el pequeño pueblo de Suurhusen, con una capilla cuyo campanario, construido en 1450, es la torre más inclinada al momento, con 5,07º contra los 3,97º de la de Pisa). 
Así que si vamos a Pisa sólo para ver su torre pensando en que va a ser algo excepcional, quizá nos llevemos una desilusión.
Pero si vamos a Pisa con ganas de descubrirla, conoceremos una ciudad con muchos más atractivos. Aquí hay algunas de las cosas interesantes que podremos ver y realizar. En la llamada Plaza de los Milagros, un ancho espacio abierto cubierto de hierba, se erigen los principales monumentos de la ciudad:

Catedral de Pisa (Duomo)

Fue construida en mármol blanco entre el siglo XI y XII y es una de las mejores obras del románico italiano (en concreto del románico pisano). Está dedicada a la Asunción de la Virgen (Santa Maria Assunta). Su fachada principal tiene 3 grandes puertas de bronce del siglo XII. De su interior destaca sobretodo el púlpito esculpido, de principios del siglo XIV, obra de Giovanni Pisano, una obra maestra de la escultura medieval.
Se dice que Galileo Galilei, uno de los ilustres hijos de la ciudad de Pisa, se inspiró en el péndulo del incensario de la catedral para visualizar el movimiento de los planetas alrededor del sol.

El Baptisterio

Dedicado a San Juan Bautista, este edificio circular con techo abovedado se inició en 1153. También de mármol, fue diseñado en estilo románico por el arquitecto Deustesalvet, aunque terminó en el siglo XIV y contiene algunas partes de estilo gótico. En el interior hay una gran pila de agua bendita octogonal de 1246 y un púlpito también del siglo XIII esculpido por Nicola Pisano, padre de Giovanni Pisano (quien esculpiría después el púlpito de la catedral).

Campanario de la Catedral

Ésta es la famosa Torre Inclinada, y no solo tiene mérito porque no se haya caído aún sino porque se empezó a inclinar al poco de comenzar a construirla y a pesar de ello la acabaron terminando. Del mismo mármol con el que fue construida la catedral, destaca por sus ocho niveles (seis de ellos con 15 columnas en cada una de ellos). Se empezó a construir en 1173, y poco después de empezar, cuando sólo llevaban construidos tres pisos, se descubrió que se estaba inclinando a causa de unos cimientos débiles (solo llegan a tres metros de profundidad). Aun así la terminaron entera, con sus 55,8 metros de altura. Una escalera de 294 escalones permitía acceder al piso superior, donde estaban instaladas las campanas (la mayor es L’Assunta, de 1655 y que pesa tres toneladas y media). Después de unos años cerrada al público, se volvió a abrir en 2001.
Hay una leyenda alrededor de la torre, que relata como Galileo Galilei subió a lo alto, desde donde dejó caer dos balas de cañón de distinto peso para demostrar que la velocidad de descenso era independiente de la masa.

Camposanto monumental 

Es un edificio construido a propósito para albergar las tumbas de los hombres poderosos de la ciudad. Se dice que Ubaldo de Lanfranchi, arzobispo de Pisa, hizo traer un cargamento de tierra sagrada desde Jerusalén durante la Cuarta Cruzada, y después de esparcirla por la zona, construyeron el edificio encima, en forma de claustro, llamado desde entonces Camposanto, a partir del cual ha surgido el sinónimo de cementerio en italiano y español. En él se encuentran también 600 lápidas, muchas de ellas grecorromanas anteriores a la construcción del siglo XIII. Los muros también están decorados con frescos de del siglo XIV y XV. 3 capillas servían para realizar servicios religiosos, y el sitio sirve como museo para exhibir 84 sarcófagos romanos.
Foto de Kaho Mitsuki

Un suelo inestable

Por cierto, las otras dos torres inclinadas de Pisa son las que se encuentran en:
-El campanario de la iglesia de San Nicola, junto al río.
-El campanario de la iglesia de San Michele degli Scalzi (e incluso la iglesia también está inclinada).
Esta tendencia del suelo a moverse inclinando las torres es consecuencia del área pantanosa en la que se asienta la ciudad, a la orilla del Arno. Un paseo junto al río es otra de las actividades que nos permitirán descubrir una Pisa distinta, de palacios viejos y callejuelas estrechas.

La riqueza durante la Edad Media y renacimiento italiana no sólo se notó en los edificios que se construyeron en Pisa, sino también se puede ver en la importancia de personajes famosos que nacieron en la ciudad: el papa Eugenio III, el matemático Leonardo de Pisa, el príncipe Rodolfo de Austria o incluso el egiptólogo Ippolito Rosselini son unos cuantos de sus hijos.
Pero posiblemente el hijo más ilustre de la ciudad, y al que le tienen mayor aprecio, es Galileo Galilei (1564-1642), el padre de la astonomía moderna. En Pisa se encuentra la casa donde nació (Casa Ammannati), la de su padre (Vinzenzo Galilei) y la casa donde vivió después, que en su tiempo alojó un observatorio de la Universidad de Pisa y que ahora guarda un archivo de documentos relacionados con Galileo.
A los amantes de los viajes les gustará saber que Rustichello de Pisa también nació en la ciudad. Fue este el escritor que puso por escrito lo que le contó Marco Polo mientras los dos compartían celda en una prisión de Génova.

Un deporte antiguo

Y para los amantes del deporte tradicional que se encuentren en Pisa durante el último sábado de junio, deben dirigirse al Ponte di Mezzo, donde desde la Edad Media se juega ese día al Juego del Puente (Giòo der Ponte) una competición en la que hay que mover un pesado carro a lo largo del puente.

Cuando regresemos a casa después de la visita habremos visto, seguro, que Pisa es mucho más que una simple torre inclinada. 

17 nov. 2015

RUTA POR LOS FIORDOS DE NORUEGA

En el best seller Guía de la Galaxia para autoestopistas (Hitchhiker’s Guide to the Galaxy) de Douglas Adams, uno de los personajes, Slartibartfast, es un reputado diseñador de planetas. De hecho, fue el responsable de la geografía de nuestro planeta Tierra, y especialmente le gusta diseñar las costas. Está especialmente orgulloso del contorno de los fiordos de Noruega, trabajo por el cual ganó un premio.
Obviamente se trata de una obra de ficción (los fiordos en realidad se formaron cuando los glaciares que cubrían las montañas de Noruega retrocedieron y se llenaron de agua de mar), pero la belleza de los fiordos noruegos es real, y una ruta recorriendo los más significativos de ellos nos va a reportar una de las mejores experiencias no solo de Escandinavia, sino del mundo entero.
Como los fiordos son navegables, lo mejor para conocerlos a fondo es combinar su exploración desde el mar con el sistema de ferris modernos y desde la costa, alquilando un coche en Oslo o en alguna de las grandes ciudades que los rodean (Bergen, Stavanger,…).
Podemos realizar un excelente recorrido para conocer con bastante profundidad los fiordos noruegos en unos diez días, durante los cuales vamos a poder disfrutar de la belleza de cascadas impresionantes, altísimos acantilados, glaciares de blanco puro, bosques vírgenes y ciudades tranquilas y que parecen surgidas de la Edad Media.
-Preikestolen: la ruta empieza por uno de sus platos fuertes, el fabuloso Preikestolen (Púlpito), un precipio de roca sólida de 604 metros de altitud encima del fiordo de Lyse, desde el que las piernas de una persona sentada penden sobre el vacío. No es sitio para gente que sufra de vértigo… Para llegar arriba hay que realizar una excursión de 4 horas, pero las vistas desde arriba merecen todo el esfuerzo.
Foto de Alexander Mitew
-Stavanger: podemos llegar hasta Stavanger siguiendo la carretera que bordea la costa sur de la península de Escandinavia desde Oslo. Esta es la cuarta ciudad de Noruega, y la capital del petróleo del Mar del Norte por el que Noruega es uno de los más ricos países de Europa. Aunque la ciudad es vieja, quedan muy pocos monumentos históricos, y nos vamos a encontrar con una ciudad de modernos edificios. Pero desde aquí sale el ferry que nos va a llevar a Bergen.
-Bergen: Con 275.000 habitantes, es la segunda ciudad más grande de Noruega. Fundada en 1070 por el rey Olav Kyrre, sería la capital de Noruega hasta 1299 y después, a partir de 1360, gracias a formar parte de la Liga Hanseática, se convertiría en una de las ciudades más importantes del comercio en el norte de Europa (especialmente el comercio del bacalao). De esa época queda todo el frente del muelle (Bryggen), el barrio histórico junto al mar y un interesantísimo Museo Hanseático. Si bien fueron almacenes y casas dedicadas al comercio del bacalao, los edificios del Bryggen actual acogen restaurantes y tiendas que dan servicio mayoritariamente a los turistas que lo visitan.
Foto de Visit Norway
Aquí también se puede ver el la casa Museo de Edvard Grieg, el compositor nacional, en Troldhaugen, donde vivió durante 22 años hasta su muerte en 1907. La casa ha quedado como la dejó en ese momento, por lo que nos podemos transportar fácilmente hasta la época en que compuso aquí obras como Peer Gynt.
También hay que subir en el funicular Fløibanen, que sube hasta la cima de la montaña Fløien, que permite tener una vista espléndida de Bergen y su fiordo.
Para vivir Bergen hay que visitar su Mercado de Pescado y pasear por los estrechos pasajes (smau) entre las casas viejas de madera que remontan la colina.
-Nigardsbreen: en nuestra ascensión hacia el norte pasaremos cerca de Nigardsbreen, un accesible glaciar de montaña surgido del más grande glaciar de Jostedalsbreen cercano al pueblo de Jostedal. Un precioso lago se forma al final del glaciar.
Foto de G. Lanting
-Geirangerfjord: Su nombre evoca la grandeza y magnificencia de uno de los más bellos fiordos noruegos (por algo fue incluido desde 2005 en la lista de la UNESCO de patrimonio de la Humanidad). Tiene 15 kilómetros de largo y es un brazo del fiordo de Sunnylvs, que lo es a su vez del Storfjorden. En el extremo del fiordo, con una de las mejores vistas de todo Noruega, se encuentra el pequeño pueblo de Geiranger. El fiordo es uno de los más estrechos pero navegables por los grandes cruceros y ferris que van arriba y abajo pasando muy cerca de dos de sus grandes hitos: las cascadas de las Siete Hermanas y el Pretendiente, una delante de las otras, como pareciendo que las persigue.  Al final sus aguas solo se funden en el océano.
Foto de Andreas Trepte
-Ålesund: aquí termina la ruta por los fiordos noruegos, en esta pequeña ciudad junto al mar característica por sus muchos edificios con estilo Art Nouveau. La razón de esta arquitectura viene a raíz del incendio que en 1904 arrasó con casi toda la ciudad. El káiser Guillermo II, que veraneaba cerca, envió ayuda en cuatro barcos y se reconstruyó la ciudad en el estilo imperante entonces en Europa, con piedra y ladrillos en vez de la madera anterior. Aún hoy en día la ciudad vive de la pesca, y es uno de los mayores puertos pesqueros del país, un sitio excelente para terminar el recorrido.
Seguro que al acabar esta ruta por los fiordos de Noruega entendamos por qué Slartibartfast se sentía tan orgulloso de haberlos diseñado…

Más información en VisitNorway.

15 nov. 2015

TAVERTET, EL MÓN PERDUT

Tavertet, encimbellat al marge dels alts cingles de l’Osona, entre el Collsacabra i les Guilleries, va romandre aïllat i sense carretera fins a ben entrat el segle XX. Potser aquest aïllament el va mantenir al marge del que succeïa a la plana, però a la vegada va aconseguir que romangués com un dels pobles més tranquils i encantadors de Catalunya. Com els alts Tepuis de Veneçuela, que conservaren un passat remot que inspirà a Conan Doyle a escriure el Món Perdut, els cingles de Tavertet també han ajudat a guardar un llegat que s’inicia a l’època dels íbers, passa per l’edat mitjana i creuant el segle XVIII ha arribat fins als nostres dies encara molt ben conservat.
Pujar a Tavertet enfilant-se per la carretera que puja de L’Esquirol és fer-ho per un camí que ens portarà enrere en el temps i ens durà fins algun dels balcons més bonics de Catalunya.
El nucli urbà conserva unes quantes cases del segle XVII a XIX, i les noves construccions s’han mantingut fidels a l’estil de pedra vista i amples portals i llindars de finestres que caracteritzen les cases velles. L’Església de Sant Cristòfol, al mig del poble, a la Plaça Major, és l’edifici més simbòlic, del segle XI i amb un rabassut campanar.
El mateix poble ja té un bonic passeig amb diferents bancs per a admirar les vistes, però si el que es vol és veure-les en tot el seu esplendor, convé caminar una mica pel camí del mirador de Sau, des d’on es podrà veure tot el Pantà.
Aquesta ruta de 2,4 km que voreja el cingle fins al Puig de la Força passa primer per les restes d’una muralla ibèrica. Encara hi estan treballant els arqueòlegs, però ens demostra que aquí hi visqué gent molt abans de l’arribada dels pobladors medievals.   
Un ample camí de pedra serpenteja vora el penya-segat i després rodeja l’anomenada Masia del Castell, però abans de rodejar-la completament, trobarem un trencall a mà esquerra que, vertical, baixa per graons de pedra cap a un sender que correrà uns metres per sota del cingle.
Aquest corriol voreja la paret i s’endinsa per un parell de balmes que semblen les de les pel·lícules d’homes prehistòrics, com si un grup de neandertals haguessin d’estar-hi cuinant una cuixa de mamut. De fet, un grup d’amants de la prehistòria ha fet una sèrie de dibuixos a la roca que semblen de l’època, i ha recreat com seria un foc improvisat amb un cercle de pedres i tot al voltant. Fins i tot, per a que ens quedi clar com va la història, hi ha inscrit un llistat seqüencial de les diferents espècies homínides fins arribar a l’Homo sapiens.     
Des d’aquestes balmes ja es veu l’objectiu final de l’excursió, el Puig de la Força, anomenat també Roca de Sau. Cal baixar fins al coll del puig per unes escales tallades a la roca, i enfilar-nos per una espècie de selva que ens transportarà, a petita escala, a Angkor Wat i les seves ruïnes soterrades per la vegetació a Cambodja. Aquí hi trobarem també unes ruïnes, del castell del segle XII que va pertànyer a la família Tavertet. S’hi veuen un parell de murs, sortint per entre les arrels i fullam dels arbres. Diuen que anteriorment hi havia hagut un altre castell aquí, el de Cornil. Tot el que en queda són les parets i una espècie de cisterna (hi ha qui diu que era la presó).

Segons la llegenda, el Puig de la Força era un lloc d’aquelarres, on les bruixes es reunien per a fer conjurs i invocar el diable. Són llegendes només. Si haguessin vingut aquí les bruixes s’haurien estat de tantes tonteries... Les vistes, des del cim, són esplèndides. D’una banda tota l’extensió dels cingles de Tavertet i el Pantà de Sau (i amb sort la punta del campanar que sobresurt del nivell baix de l’aigua). I de l’altra, just davant, el canó del riu Ter que es perfila entre cims d’agrestes parets culminats de vegetació. Si no sabéssim que som a Catalunya, ens creuríem transportats al Món Perdut de Conan Doyle... 

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