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28 oct 2016

QUE VER EN EL PUERTO VIEJO DE GENOVA

Todo el mundo cuando escucha nombrar a Génova la relaciona inmediatamente como la ciudad donde nació uno de los personajes más conocidos de la Historia: Cristóbal Colón. Pero aunque se conserve su casa natal (reconstruida en el siglo XVIII) y sea interesante visitarla, el viejo puerto de la ciudad, recientemente modernizado, ofrece una de las mejores aproximaciones a todos los aspectos de la vida marina, tanto de la ciudad, como del mediterráneo u otros mares.
Aquí os describimos algunos de los museos y atracciones de lo que hay

QUE VER EN EL PUERTO VIEJO DE GENOVA

Que ver en Genova

GALATA: MUSEO DEL MARE

Sin duda el Museo Marino de Génova (Galata Museodel Mare) es uno de los mejores museos marítimos de Europa, con extensas exposiciones y recreaciones de naves.  Empieza con varios cuadros y maquetas explicando la historia marinera de la ciudad (y en especial sobre la figura de su hijo ilustre Cristóbal Colón), y sigue con la evolución de las naves a lo largo de la Historia y de los distintos eventos que han afectado a Génova.
Barco en Museo Marítimo Galata

Una de las grandes naves a la vista es una galera del siglo XVI en la que además se ha representado un despacho de un controlador de la plata española. En los tiempos de Carlos V y Felipe II, España estaba en guerra en muchos frentes y los banqueros genoveses cedieron dinero a los monarcas españoles a cambio de un interés muy alto. La manera que tenían de cobrarse era interceptar a las expediciones de galeones provenientes de América que iban cargadas con plata y oro hacia puertos españoles. Con sus galeras rápidas los genoveses las interceptaban antes de llegar a puertos españoles y, con el consentimiento de la Corona, tomaban su parte de pago hacia Génova. Fueron los aristócratas genoveses, los Magnifici, los primeros banqueros que trabajaron con la Corona española y que hicieron fortunas visibles en forma de los inmensos palacios que legaron.
La plata de los genoveses
Se exponen en el museo cartas náuticas, objetos marinos, instrumentos científicos y varias maquetas náuticas.
Sin embargo, una de las exhibiciones más impresionantes es la recreación de un buque de vapor de principios del siglo XX como los que llevaron a los primeros inmigrantes italianos a Argentina (muchos de ellos provenientes de la Liguria). En él se ve incluso un barrio genovés, una oficina marítima, el puente de capitán, el comedor de tercera clase, un camarote y la enfermería con todos los aparatos de la época. Casi solo hace falta que el suelo se balancee al ritmo de las olas para parecer que estamos en alta mar.
Camarote del barco
Camarote en Museo Marítimo Galata
Camarote en Museo Marítimo Galata
También hay una muy buena representación de antiguos oficios relacionados con la construcción de barcos de madera, con instrumentos, figuras de cera y esqueletos empezados a construir de un par de barcos.
La exposición termina con una sección que habla de la migración contemporánea, con referencia a los nuevos italianos y los peligros de atravesar el mar hacia un futuro mejor al que se enfrentan cada día millares de personas.
Una extensión del museo que sin duda fascinará a los visitantes es el submarino Nazario Sauro, el mayor de los submarinos italianos, fuera de servicio desde 2010 e instalado en un muelle junto al museo. El recorrido por el interior del submarino es bastante claustrofóbico, pero permite hacerse una idea muy precisa del poco espacio del que disponía la tripulación. Incluso la cabina del capitán parece minúscula comparada con la de un barco de guerra.
Submarino Nazario Sauro
Interior de un submarino
Periscopio del Nazario Sauro
Puente de mando del Nazario Sauro

ACUARIO DE GÉNOVA

Después del de Valencia, el Acuario de Génova es el segundo acuario más grande de Europa, y contiene muchas especies difíciles de ver al natural.
Acuario de Génova
Un hall a oscuras recibe al visitante para mostrarle un corto vídeo a toda pared y dar paso a un recorrido por varias plantas en el que se distribuyen 70 ambientes diferentes con la mayor exposición de biodiversidad acuática de Europa. Entre sus acuarios, pequeños unos e inmensos otros, se pueden encontrar hasta 12.000 ejemplares de 600 especies diferentes provenientes de todos los mares y cuencas fluviales.
Entre los animales más curiosos se encuentran los delfines, focas, pingüinos, medusas tiburones, pero sobre todo los manatíes, muy raros en acuarios. Algunas de las peceras son muy curiosas, como por ejemplo la Columna de las Morenas, un cilindro de 6 metros de altura con ambiente rocoso en el que se esconden media docena de grandes morenas.
En uno de los pabellones hay una sección de acuarios a ras de suelo donde los niños (y mayores) pueden tocar a algunos animales, especialmente a pequeñas rayas acuáticas de piel sedosa por debajo y escamosa por arriba.
Delfines en el Acuario de Génova
Foca en el Acuario de Génova
Pingüino en el Acuario de Génova
Tortuga en el Acuario de Génova

Hay también ambientaciones terrestres, como la dedicada a la selva africana, donde se pueden observar peces de agua dulce de África, ranas, tortugas,… y con un alto muro vegetal con más de 150 especies de plantas tropicales floreciendo en vertical como si fuera una selva de Madagascar.
También hay un espectáculo de delfines y, lo más impresionante de él es que por debajo del agua existe una inmensa ventana desde el que se puede ver como estos mamíferos evolucionan debajo del agua y se preparan para el salto.

BIOSFERA

Una cacatúa recibe el visitante que entra a la Biosfera, una esfera con estructura de acero y cristal convertida en un jardín botánico tropical encima del agua en el Puerto Viejo de Génova. En su interior no solo hay plantas tropicales como sicómoros, árbol de la goma, café, tamarindo, vainilla, canela, bananos, palmeras, lianas,… sino también animales como los corocoro rojos (Eudocimus ruber) de Sudamérica, tortugas matamata (Chelus fimbriata), insectos palo, viuda de cola aguda (Vidua macroura) y otros pájaros y mariposas que se mueven libremente por la esfera y que ambientan de tal manera su interior que le parece a uno estar en la selva tropical.
Biosfera
Cacatúa en Biosfera

MUSEO NACIONAL DE LA ANTÁRTIDA FELICCE IPPOLITO

Los fríos hielos del Polo Sur también tienen cabida entre los muelles del Puerto Viejo de Génova. Italia cuenta con dos estaciones científicas en la Antártida: la estación Mario Zucchelli, en Bahía Terranova, de 7000 m2, creada en 1985, y desde el año 2004 comparte con Francia la Estación Concordia a 3.230 m de altitud y a 1.200 km de la costa. Y el espacio público de estas dos estaciones para comprender qué es lo que hacen para la investigación y conocimiento de esta región remota del mundo se encuentra en una planta de uno de los viejos almacenes del muelle, el Museo Nacional de la Antártida Felicce Ippolito. También hay exposiciones en Siena y en Trieste.
Equipo polar en el Museo de la Antártida de Génova
Plafones en el Museo de la Antártida de Génova
En un recorrido ancho pero tortuoso se repasa la historia de las exploraciones del Polo Sur y especialmente las expediciones italianas (desde 1985), con una exposición de una tienda de exposición y un quad aventurero para poder sacarse una foto con anorak y parka polar. Hay unas cuantas maquetas de bases polares, videos explicativos de cómo es la vida en la Antártida para los investigadores, muestras de rocas, animales disecados (y de espuma) e incluso una figura a tamaño natural de una orca nadando entre témpanos. Al final también se exhibe un pequeño robot acuático que fue utilizado para el estudio de las profundidades marinas en el océano antártico.

BIGO ASCENSOR PANORÁMICO

La singularidad del Puerto Viejo de Génova puede observarse desde 40 metros de altura subiendo al Bigo, un ascensor panorámico con vistas de 360º que recuerda a las viejas grúas que movían todo el material de los barcos en el puerto. El ascensor sube y baja cada 10 minutos para estar un tiempo en su altura máxima disfrutando del ajetreo del puerto.  
Bigo ascensor panorámico

Sea cual sea la atracción que visites del Puerto Viejo de Génova o si las visitas todas, seguro que saldrás con un mayor conocimiento de cómo son nuestros mares. 

19 jul 2015

A bordo del Allure of the Seas

Vale. Lo reconozco. Me gustan los barcos grandes. A lo mejor es porque me mareo con facilidad en cualquier cosa pequeña que flote. O quizá es por una extraña necesidad de ver el principio de Arquímedes aplicado a la máxima potencia. Pero el hecho es que desde una temprana fascinación por el Titanic, me atraen los barcos gigantescos, de esos que pesan toneladas y miden centenares de metros y aún así no se hunden.
Y de este tipo de barcos el que se lleva la palma es el Allure of the Seas, actualmente el mayor navío del mundo. No es extraño pues que, cuando fui invitado a subir a bordo por Nudoss para conocer su Red Social de Cruceros y bcnTB, aceptara la invitación sin dudarlo y me quedara toda la semana esperando con nervios la hora de embarcar. Y eso que la invitación sólo era para visitarlo antes de su partida en el recorrido por el mediterráneo que parte de Barcelona durante este verano. Pero aún así, la posibilidad de poder pasearse por los pasillos y salas del barco, recorrer sus cubiertas, comer en su restaurante y maravillarme de la técnica aplicada al mayor objeto flotante del mundo ya merecían la visita y justificaban el nerviosismo.
Y es que en el Allure of the Seas todo es a lo grande. Tiene una eslora de 361 metros, un calado de 9 metros, una manga de 47 y una altura total hasta la punta de sus chimeneas de 65 metros. De hecho, visto desde la Terminal C del puerto de Barcelona en realidad parece más bien un bloque de apartamentos a primera línea de costa que un crucero, y desde la cubierta 18 (la superior), sus vistas son de vértigo.
Las actividades a bordo son también acorde a la magnificencia del barco: un teatro para cientos de personas donde se programan obras de Broadway (era Chicago en el Caribe y es Mamma Mia! en el Mediterráneo), una pista de patinaje sobre hielo, dos rocódromos, dos piscinas de surf, una cancha de básquet, un minigolf, un par de tirolinas, seis mesas de ping-pong y un casino que dejaría a James Bond sin blanca y que los de Ocean’s Eleven desearían robar si no fuera porque no se podrían escapar tan fácilmente en el mar…
Hay 25 restaurantes distintos en el Allure of the Seas, desde los básicos self-service que entran en el precio del pasaje a los de más lujo con pago a parte que dan la sensación de encontrarse en el más fino de los barrios gastronómicos de París o Nueva York.
El Allure of the Seas fue construido en los astilleros de Turku (Finlandia) en noviembre de 2010 y su primer viaje inaugural fue en diciembre del mismo año. Desde entonces ha estado trabajando en el Caribe, aunque este verano por primera vez ha venido a navegar por el Mediterráneo.
Los 2.706 camarotes pueden acomodar a 6.400 pasajeros y se reparten en 7 vecindarios, y la mayoría de ellos son abiertos y dan al exterior o a los patios interiores del barco. Todos ellos tienen televisión, baño, y todas las necesidades que uno pueda tener, pero lo más probable es que no pasemos ahí más que las estrictas horas necesarias para dormir, ya que las atracciones en el barco son tantas que no vamos a tener suficiente tiempo para gozarlas todas. ¿Que uno quiere relajarse tranquilamente bajo el agua? Hay cuatro piscinas grandes y diez jacuzzis distribuidos por el barco. ¿Qué uno quiere tomar una copa? Pues desde un tranquilo tequila en el Boardwalk, o un Cosmopolitan en el Club de la Comedia pueden saciar la sed. ¿Que es más tarde y se quiere tomar con música? Hay un local con música de jazz que sirve cócteles a partir de media tarde…
Quien quiera disfrutar de compras duty free también tiene posibilidad de quemar sus tarjetas en las varias tiendas que bordean el Promenade, el recinto cerrado por el que entra el visitante, un largo pasillo central que parece salido de un centro comercial de lujo en el que vamos a encontrar incluso un Starbucks, el único en el océano…
La verdad es que he quedado fascinado por la visita al barco. Y lo mejor de todo es que no me he mareado, incluso después de haber disfrutado de la buena comida del restaurante brasileño de proa… Pero a lo mejor es porqué el barco todavía no había zarpado cuando desembarcamos de nuevo y había permanecido todo el tiempo bien sujeto al muelle. Deberé esperar a comprobar si en plena mar es igual de estable. Quizá pueda hacerlo pronto, para la próxima invitación…

Para conocer más:

3 may 2015

Els Jardins de Cap Roig

Ara que ja som a la primavera i les flors comencen a sortir, és el moment ideal per a conèixer un dels jardins botànics més bonics de Catalunya, els Jardins de Cap Roig. Situats davant de Cap Roig, entre Palafrugell i Mont-Ras, no només ofereixen al visitant la possibilitat de contemplar la bellesa de la costa retallada de la Costa Brava i admirar la riquesa i diversitat de les més de 500 espècies que s’hi presenten, sinó que a més permeten passejar-se entre una dotzena d’escultures.
I tot això gràcies a la donació d’un matrimoni russo-britànic que el va llegar a Catalunya.
Nicolai Woevodsky i la seva esposa Dorothy Webster, l’un militar tsarista i l’altra aristòcrata britànica d’origen irlandès. Vivien a Londres quan el primer marit de Webster es va veure immers en un escàndol anterior al casament amb Almina, la millor amiga de Dorothy i vídua de Lord Carnarvon, el descobridor de la tomba de Tutankhamon.
Per tal de sortir del clima fred de Londres, la parella va recórrer el mediterrani buscant un lloc tranquil on establir-se i ho van acabar fent a Cap Roig, davant les illes Formigues. Aquí hi van construir el 1927 no només el que seria la seva residència, el famós castell (construït amb pedra extreta d’una pedrera local) sinó que dedicarien gran part del seu temps i la seva fortuna a crear un dels millors Jardins Botànics de la mediterrània.
A la mort del matrimoni, els terrenys i edificacions van ser comprats per Caixa Girona i en quedar absorbida per La Caixa ara formen part de l’Obra Social d’aquesta.
Diversos passejos i terrasses mostren flora mediterrània, tropical i subtropical, la major part plantada per la pròpia Dorothy Webster i la seva esquadra de vuit jardiners. En total set hectàrees que van des de la costa fins la muntanya.  
S’entra al Jardí pel poblat, un conjunt d’edificis en els que vivien els treballadors i les seves famílies i que recorda un poble mediterrani. Pel camí del castell, ple de buganvíl·lies i gessamins, s’arriba al Castell, de pedra vermella per l’òxid de ferro i una preciosa Glicinia que en recobreix una de les parets. Una sèrie de camins baixen cap a diverses terrasses (de les Monges i Bassin) i jardins (dels Enamorats, de primavera, del Coronel, del Caporal) i s’aproximen a la costa retallada, on des d’un mirador es contempla la vista de les Illes Formigues i la cala Massoni, amb el seu embarcador, conegut pel sobrenom de “la banyera de la russa”, on Dorothy se solia banyar.
De retorn cap al castell es passa pel Jardí dels Cactus, el Passeig dels Geranis i el Mirador de la Lady, amb vistes a Palafrugell.
No és estrany que la diversitat de flors, les escultures repartides per la finca i les vistes dels passejos en facin un dels Jardins Botànics més singulars i bonics de la mediterrània. I per si fos poc, els jardins i castell són l’escenari des del 2001, per al famós CapRoig Festival de música a l’estiu. 
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