16 dic. 2016

LA MINA REAL DE SAL DE WIELICZKA en POLONIA

A solo media hora en coche del centro de Cracovia, las pequeñas casas industriales y anodinas del centro del pueblo de Wieliczka no son suficientemente interesantes como para merecer una visita. Y aún así, casi todos los turistas que visitan Cracovia acaban tomando un bus, un tour o un coche para dirigirse a esta localidad. La razón de la visita no está en la superficie, sino bajo tierra.
Pozo de Wieliczka
La Mina Real de Sal de Wieliczka es un monumento listado por la UNESCO como patrimonio mundial por su historia, su impacto económico y, especialmente, su belleza arquitectónica. Porque a pesar de ser una mina, algunas de sus cavernas han sido excavadas a pico y pala creando verdaderas salas de palacio con suelo embaldosado, esculturas en las paredes y lámparas de cristal colgando del techo.
El interés por visitar la mina de los miles de turistas que llegan al año no es nuevo. En una de las salas se exponen libros de visitas firmados por visitantes ilustres (desde Copérnico a Chopin, Baden-Powell a Clinton, pasando por Juan Pablo II e incluso reyes y emperadores. Wolfgang von Goethe y Alexander von Humboldt estuvieron por aquí buscando inspiración para sus trabajos científicos.
Mineral de sal de Wieliczka
La historia de la mina se remonta al siglo XIII, y de hecho todavía hay algunos sitios en los que se ven las marcas de los primitivos métodos de excavación. En un par de salas se exhiben maquinaria de madera como la que se utilizaba durante la época medieval, con tracción animal o humana, cuando la mina era una de las más importantes de Europa y una gran fuente de riqueza para los reyes polacos.
Dice la leyenda que la reina santa Kinga (patrona de la mina). Hungaresa de origen, al viajar a Cracovia para su boda con el rey Boleslao V de Cracovia, llevaba un saco de sal como parte de su dote (en aquel entonces la sal, escasa, era un bien muy preciado). Se cuenta que en una visita que la futura reina hizo a la mina hungaresa de Máramaros, lanzó ahí el anillo de compromiso de su boda antes de partir hacia Polonia. Poco antes de llegar a Cracovia, ya en suelo polaco, hizo excavar un pozo a unos mineros hasta encontrar la roca, y cuando lo hicieron, descubrieron la mina de sal. El primer pedazo de roca que encontraron se partió en dos y apareció ahí, milagrosamente, el anillo de compromiso de Kinga.
Varias estatuas de sal detallan esta historia en las salas de la mina. La mina funcionó hasta 2007, pero desde entonces los mineros simplemente acondicionan las salas y pasillos, galerías y túneles para futuras visitas.
La mina se distribuye en un total de 9 pisos con una profundidad de hasta 327 metros, y sus pasillos y corredores abarcan la increíble distancia de hasta 287 kilómetros de largo.  Su recorrido sin duda no dejará al visitante indiferente.
Galería de Weliczka
Se entra a tierra por un pozo de 64 metros de profundidad al que se accede por una escalera de madera de 378 escalones. El tour normal incluye un paseo a lo largo de tres kilómetros de túneles (sólo un 1% del total) en el que se muestran corredores, capillas, estatuas y un lago subterráneo, llegando hasta 135 metros bajo tierra. La subida es más sencilla gracias al ascensor, pero la impresión del visitante no será por ello menos fuerte: la caverna más grande que se visita, toda ella excavada a mano y decorada con estatuas y candelabros, es la Capilla de Santa Kinga, a veces referida como la Catedral de Sal de Polonia. Una estatua de sal del papa Juan Pablo II y un cuadro esculpido en sal de La Última Cena de Leonardo son dos de las obras más características y hermosas de este lugar.
¿El mejor recuerdo para llevarse de la mina de sal de Wieliczka? Sin duda las imágenes  grabadas en nuestra cabeza. Pero por si acaso alguien busca algo más material, siempre puede comprar un saquito de sal. Así siempre podrá decir que, en sus ensaladas o sus sopas, se come una porción de esa maravilla geológica que son las minas de Wieliczka.
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