4 feb. 2016

ACUARELAS DE VIAJE de MIGUEL ELIAS

Siempre es un placer cuando un lector que ha leído uno de tus textos te escribe para decirte que le ha gustado mucho. Pero cuando te dice que lo ha leído con pasión y que le ha inspirado para realizar a su turno una obra artística, el placer se convierte en orgullo y satisfacción. 
Y eso es lo que me pasó con uno de mis textos. Escribí EGIPTO, BAJO EL PESO DE LA HISTORIA, como un relato del viaje que realicé durante diez días por el Desierto de Libia y el Nilo, y ahora Miguel Elias, pintor y profesor de dibujo en la Universidad de Salamanca, se ha inspirado en él para trazar unos dibujos en acuarela.
Unas preciosas ilustraciones que pueden transportarte a ese país mítico tan efectivamente como un avión. ¡Gracias Miguel!

"Algunas familias beduinas aprovecharon ese influjo del turismo para convertirse en guías y cambiar los dromedarios por toyotas todoterreno con los que llevar a los visitantes a descubrir los encantos del desierto. Conocimos a una de esas familias en el campo beduino de Badr Mohammed Abdel-Wehab, un grueso beduino de ojos verdes y tez rubicunda que inició el turismo en Bahariya. Su hijo Islam y un compañero, Salah, nos hicieron de guías por los entornos del oasis"

"Un té con menta. Una pipa de agua con tabaco sabor manzana. Una silla cómoda junto al bazar. En el relativo frescor del atardecer y con un aire perfumado de cardamomo, clavo y comino de las tiendas de especias, Ahmed miraba pasar tranquilamente a la gente atareada: a los pocos turistas que buscaban baratijas entre las tiendas de la calle y a los comerciantes que los intentaban atraer a sus puestos, a las mujeres cubiertas con su hijab comprando la cena y a los hombres con galibaya que circulaban por las estrechas callejuelas del bazar. Dio un sorbo al té sujetando el vaso con sus largos dedos y aspiró del narguile un bocanada de humo frío. Destacaba entre la gente del bazar. No sólo por ser nubio, con su cara alargada de gruesos labios y tez oscura, sino también por la ropa occidental que vestía. Era joven, pero se notaba que había vivido mucho.
–Hace dos años este bazar estaba lleno a rebosar –nos comentó con un suspiro de nostalgia. Ahmed era guía de turismo y era uno de los que más había notado la reducción de visitantes a Egipto desde la revolución de la Plaza Tahrir–. Supongo que tarde o temprano volverán a llenar los museos, los templos y las calles, pero mientras tanto, las cosas serán difíciles para los egipcios…
En el bazar de Luxor, esa noche de abril, el ambiente se notaba tranquilo y los turistas o viajeros que años antes vaciaban sus bolsillos en las tiendas del mercado ahora escaseaban y los vendedores trataban por todos los medios de atraer a aquellos pocos que nos aventurábamos en el país.
Regresamos al hotel. Habíamos llegado a Luxor provenientes del desierto, cansados por el largo viaje y sucios y llenos del polvo con el que el Kamsin, el viento seco y cálido del desierto, había llenado el interior de la furgoneta en la que viajábamos. En la ducha de agua tibia del hotel ese polvo ocre de las estribaciones del Sahara que recubría nuestra piel y cabello fue colándose por el agujero de la bañera para reunirse finalmente con las aguas del Nilo...."

"El templo de Karnak, en realidad un complejo religioso inmenso de santuarios, obeliscos, templos y hasta un lago, es el recinto religioso más grande del mundo en toda su historia. Sólo la sala hipóstila con sus 134 inmensas columnas podría albergar en su interior las más grandes catedrales del mundo. Los egipcios se sienten orgullosísimos de su pasado faraónico:
–Es lo único a lo que actualmente nos podemos aferrar –nos explicó Mina, la guía que nos acompañó durante nuestra visita al recinto de Karnak..."


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