20 ene. 2017

CUEVAS DE SKOCJAN (ESLOVENIA)

Eslovenia es un país de cuevas, y su mejor muestra, las Cuevas de Skocjan. El macizo del Karst (cuyo nombre originó el término cárstico usado en geología) se encuentra en medio del país, por lo que es normal que en este terreno de piedra caliza de fácil erosión por el agua se hayan formado hasta 10.000 cuevas, pozos y cavernas. En Eslovenia hay incluso un castillo dentro de una cueva (el castillo de Predjama), por lo que no ha de extrañar que algunas de las más bonitas, o más grandes, cuevas del mundo se encuentren en este país europeo.
Cuevas de Skocjan
Las Cuevas de Skocjan (Škocjanske jame en esloveno) son sin duda las más hermosas de Eslovenia y es por ello que han merecido entrar en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (desde 1986). Lo que tienen de especial es su variada composición, con algunas de las formaciones geológicas más bonitas del mundo, pero sobretodo es la gran dolina colapsada y el cañón bajo tierra más grande del mundo que la hacen única.
Las cuevas de Skocjan siempre se visitan con un guía del Parque, que va indicando los lugares más significativos de la cueva y que asegura que nadie se pierda en el camino. Se sale del Centro de Visitantes, donde hay un pequeño museo con objetos relacionados con las primeras exploraciones de las cuevas, cuando eran los mismos labradores y pastores de la región quienes se aventuraban con rudas cuerdas y cascos en el interior de la cueva.
Cueva del Silencio
Ya en el siglo II a.C. hay constancia de que la cueva era conocida. El filósofo Posidonio de Apamea escribió sobre ella que “El Río Timava [como era conocido entonces] fluye desde las montañas, cae en el abismo y después, corriendo 130 estadios bajo la superficie de la roca, emerge cerca del mar”. Durante un tiempo incluso se creyó que era la entrada al infierno. En la gran entrada cueva de Mušja jama se encontraron restos de un templo esculpido en la roca por los antiguos griegos.
En 1689 el primero de los estudios del naturalista esloveno J.W.Valvasor demostraron que el río Reka se hundía y circulaba por debajo de la tierra en las cuevas. Más tarde, ya en el siglo XVIII, empezó el interés para adentrarse en su interior. Las ilustraciones del pintor francés Louis-François Cassas de 1782 nos muestran como en esa época ya se visitaba la dolina hundida (colapsada). El 1 de enero de 1819 se instituyó el primer libro de visitas para los primeros turistas en visitar la dolina y en 1823 se empezaron a excavar los primeros peldaños.
Grabado con las cuevas de Skocjan
Pero no fue hasta el siglo XIX cuando se empezó realmente a explorar las cuevas. El Lago Muerto se encontró en 1890, y ya en 1904 se llegó hasta la Cueva del Silencio, lo más profundo del sistema de cuevas.
Una serie de pasarelas, escaleras y puentes permiten un acceso fácil, por lo que no hay excusa (ni tan siquiera para los que sientan claustrofobia) para no visitar estas magníficas cuevas.
Diagrama de la cueva

Planta de la Cueva
La visita a las Cuevas de Skocjan empieza con un breve paseo desde el Centro de Visitantes hasta la entrada del túnel artificial, en la Dolina Colapsada de Globocak, en medio del bosque, que conecta con la Cueva Silenciosa. Un corto pasadizo excavado en la roca permite al visitante habituarse a la penumbra de la luz artificial y al frío (siempre 12ºC) imperante en la cueva.
La Cueva silenciosa recibe este nombre por la falta de cualquier sonido. Aislada del resto de las cuevas, no se escucha el murmullo del río Reka en su paso subterráneo, ni el viento. Pero una serie de formaciones de piedra, estalactitas, estalagmitas, columnas, vanos y todo tipo de esculturas naturales decoran esta sala dándole un aire mágico y casi surrealista.
Cañón del Reka
Al salir de la Cueva Silenciosa nos adentramos en el Cañón del Reka, visible al fondo de una inmensa cueva de centenares de metros de largo. Todo el conjunto de cuevas tiene 6.200 metros de largo, y gran parte del recorrido lo realiza el río en el cañón de roca que ha ido excavando poco a poco en millones de años.
Hay quien cree que la Tierra Media que imaginó J.R.R. Tolkien al escribir El Hobbit o El Señor de los Anillos se encuentra en Nueva Zelanda, donde el director Peter Jackson utilizó los paisajes para situar algunos de los escenarios de las novelas en sus películas. Pero si algún sitio del mundo se merece ser la Moria de Tolkien es la Cueva de Skocjan. Uno se puede imaginar fácilmente a los trasgos saliendo de entre las grietas de las paredes, persiguiendo al grupo de humanos y hobbits a través de los caminos excavados en las paredes y atravesando, al igual que en el libro, el puente que cruza el cañón donde Balrog y Gandalf caen. Skocjan, para los fans de El Señor de los Anillos, es un paraíso visual. Y para los que no son fans, también. El puente de Cerkvenik cruza el cañón 47 metros por encima del río Reka, y dirige el camino a través de los recovecos de la roca para poder ver, desde varios balcones, algunas de las panorámicas más grandes de la cueva.
Puente de Cerkvenik
El Cañón del Reka es el más cañón subterráneo más grande del mundo con 2.600 metros de largo, 60 de ancho y 146 de alto.
El paisaje es increíblemente bello con el camino iluminado como si fuera una pequeña serpiente de luz. Se pasa por debajo de las colonias de murciélagos que viven en la cueva, y al final de casi una hora y media de camino se sale a la luz otra vez, en la cueva de Tominc bajo la Gran Colina Colapsada, y tras pasar junto a una cascada que cae por un puente de piedra natural, se puede regresar a la superficie tras remontar la pared de roca.
Hace calor al dejar la cueva, pero más que el cambio de temperatura, lo que deja al visitante desasosegado es la maravilla natural que acaba de ver. Casi le dan ganas a uno de regresar otra vez y volver a entrar.
¿A qué esperas para visitarlas?


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