19 jul. 2015

A bordo del Allure of the Seas

Vale. Lo reconozco. Me gustan los barcos grandes. A lo mejor es porque me mareo con facilidad en cualquier cosa pequeña que flote. O quizá es por una extraña necesidad de ver el principio de Arquímedes aplicado a la máxima potencia. Pero el hecho es que desde una temprana fascinación por el Titanic, me atraen los barcos gigantescos, de esos que pesan toneladas y miden centenares de metros y aún así no se hunden.
Y de este tipo de barcos el que se lleva la palma es el Allure of the Seas, actualmente el mayor navío del mundo. No es extraño pues que, cuando fui invitado a subir a bordo por Nudoss para conocer su Red Social de Cruceros y bcnTB, aceptara la invitación sin dudarlo y me quedara toda la semana esperando con nervios la hora de embarcar. Y eso que la invitación sólo era para visitarlo antes de su partida en el recorrido por el mediterráneo que parte de Barcelona durante este verano. Pero aún así, la posibilidad de poder pasearse por los pasillos y salas del barco, recorrer sus cubiertas, comer en su restaurante y maravillarme de la técnica aplicada al mayor objeto flotante del mundo ya merecían la visita y justificaban el nerviosismo.
Y es que en el Allure of the Seas todo es a lo grande. Tiene una eslora de 361 metros, un calado de 9 metros, una manga de 47 y una altura total hasta la punta de sus chimeneas de 65 metros. De hecho, visto desde la Terminal C del puerto de Barcelona en realidad parece más bien un bloque de apartamentos a primera línea de costa que un crucero, y desde la cubierta 18 (la superior), sus vistas son de vértigo.
Las actividades a bordo son también acorde a la magnificencia del barco: un teatro para cientos de personas donde se programan obras de Broadway (era Chicago en el Caribe y es Mamma Mia! en el Mediterráneo), una pista de patinaje sobre hielo, dos rocódromos, dos piscinas de surf, una cancha de básquet, un minigolf, un par de tirolinas, seis mesas de ping-pong y un casino que dejaría a James Bond sin blanca y que los de Ocean’s Eleven desearían robar si no fuera porque no se podrían escapar tan fácilmente en el mar…
Hay 25 restaurantes distintos en el Allure of the Seas, desde los básicos self-service que entran en el precio del pasaje a los de más lujo con pago a parte que dan la sensación de encontrarse en el más fino de los barrios gastronómicos de París o Nueva York.
El Allure of the Seas fue construido en los astilleros de Turku (Finlandia) en noviembre de 2010 y su primer viaje inaugural fue en diciembre del mismo año. Desde entonces ha estado trabajando en el Caribe, aunque este verano por primera vez ha venido a navegar por el Mediterráneo.
Los 2.706 camarotes pueden acomodar a 6.400 pasajeros y se reparten en 7 vecindarios, y la mayoría de ellos son abiertos y dan al exterior o a los patios interiores del barco. Todos ellos tienen televisión, baño, y todas las necesidades que uno pueda tener, pero lo más probable es que no pasemos ahí más que las estrictas horas necesarias para dormir, ya que las atracciones en el barco son tantas que no vamos a tener suficiente tiempo para gozarlas todas. ¿Que uno quiere relajarse tranquilamente bajo el agua? Hay cuatro piscinas grandes y diez jacuzzis distribuidos por el barco. ¿Qué uno quiere tomar una copa? Pues desde un tranquilo tequila en el Boardwalk, o un Cosmopolitan en el Club de la Comedia pueden saciar la sed. ¿Que es más tarde y se quiere tomar con música? Hay un local con música de jazz que sirve cócteles a partir de media tarde…
Quien quiera disfrutar de compras duty free también tiene posibilidad de quemar sus tarjetas en las varias tiendas que bordean el Promenade, el recinto cerrado por el que entra el visitante, un largo pasillo central que parece salido de un centro comercial de lujo en el que vamos a encontrar incluso un Starbucks, el único en el océano…
La verdad es que he quedado fascinado por la visita al barco. Y lo mejor de todo es que no me he mareado, incluso después de haber disfrutado de la buena comida del restaurante brasileño de proa… Pero a lo mejor es porqué el barco todavía no había zarpado cuando desembarcamos de nuevo y había permanecido todo el tiempo bien sujeto al muelle. Deberé esperar a comprobar si en plena mar es igual de estable. Quizá pueda hacerlo pronto, para la próxima invitación…

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