21 sept 2015

FRIOUL, LAS ISLAS NATURALES DE MARSELLA

Cuando Alejandro Dumas buscó una prisión recóndita para que a su personaje Edmont Dantès le fuera imposible de escapar en la novela El Conde de Montecristo, el autor francés escogió el Château d’If, una fortaleza medieval en una minúscula isla delante de Marsella. Francisco I la mandó construir en 1529 para controlar la ciudad, entonces recién incorporada en su reino. La función defensiva del Château d’If fue sustituida más adelante por las otras dos grandes islas del archipiélago de Frioul, y a las paredes gruesas y húmedas de la fortaleza se le dio la función de prisión estatal a partir del siglo XVII, cuando se encerraron a más de 3.500 hugonotes antes de ser mandados a galeras.
En la obra de Dumas, el personaje principal logra escapar de la prisión, pero en la realidad, ningún prisionero logró evadir el recinto ni salir de la isla. Hoy en día es un punto de parada obligatoria para los barcos llenos de turistas que parten del Puerto Viejo de Marsella y recorren el par de kilómetros hasta la isla de If, con su castillo, y el resto de islas del archipiélago de Frioul.
El destino de estas embarcaciones turísticas es el gran puerto de Frioul, en la isla de Ratonneau. Fue en esta misma ensenada que en el año 49 a.C. recaló la flota romana que sitió la ciudad. No lejos de la isla, en Grand Congloué, el comandante Jacques Yves Cousteau encontró en 1952 el mayor cargamento de ánforas y vajilla en un barco romano hundido frente a la costa en el siglo II a.C., cosa que demuestra el enorme tráfico comercial marítimo que desde la antigüedad pasa por estas aguas.
Junto al puerto se alza un pequeño grupo de casas donde viven el centenar de habitantes del archipiélago, y en los bajos de los edificios se encuentran algunas tiendas de artículos de baño y media docena de restaurantes que dan servicio a los casi cuatrocientos mil turistas que visitan cada año las islas.
Desde la pequeña villa parten varios senderos que se internan en la isla y permiten descubrir las calas escondidas y los cabos rocosos en que la blanca piedra calcárea se alza, en pequeños acantilados, sobre el azul intenso del mar. Empezaremos a descubrir también algunos de los restos de edificaciones erigidas en la isla por su interés estratégico. No lejos del pueblo se alza el Fuerte de Ratonneau, cuyas primeras piedras fueron colocadas en la época de Enrique IV (siglo XVI) y posteriormente fue modificado hasta la Segunda Guerra Mundial. 
Al otro lado de una pequeña bahía se ven las ruinas del Hospital Caroline, un lazareto construido entre 1823 y 1828 por Michel-Robert Penchaud. El uso del hospital era mantener aislados a los enfermos durante la cuarentena que los navíos que llegaban a Marsella procedentes de África u Oriente tenían que realizar. El estilo neoclásico del complejo arquitectónico incluyó una capilla en la plaza central con forma de templo griego del cual todavía hoy se mantienen en pie unas cuantas columnas y el frontón. El lazareto estuvo en funcionamiento hasta 1941, pero tres años después fue casi destruido por los bombardeos aliados que liberaron finalmente Marsella de la ocupación nazi. Actualmente está considerado monumento histórico y se está trabajando en su conservación.
Desde el pueblo de Ratonneau puede cruzarse a la isla de Pomègues por el dique de piedra que desde 1822 une a las dos islas. En esta isla más grande (2,7 km de largo en vez de los 2,5 de la de Ratonneau) no vive nadie. Solamente la vida vegetal y animal están presentes entre las viejas ruinas militares diseminadas por la isla y accesibles por una buena red de senderos. Es junto a estos caminos que sortean pequeñas bahías de aguas transparentes o remontan bajas colinas, donde podremos descubrir algunas de las 350 especies de plantas que habitan en el archipiélago. Catorce de ellas son raras y están protegidas, como el astrágalo de Marsella (Astragalus massiliensis), una planta leguminosa adaptada al ambiente salino próximo al mar. Nos encantarán las frágiles azucenas de mar (Pancratium maritimum), de un blanco puro, o las pequeñas siemprevivas (Limonium minutum) que crecen entre las rocas. 
Delante de una pequeña cala protegida, donde anclan algunos barcos y donde se mantiene una pequeña piscifactoría con cercados redondos flotando en el mar, se alza, sobre una colina, una torre que parece surgida de una novela de aventuras. Es pequeña, cuadrada como un cubo y con anchas almenas de un blanco que se confunde con la piedra sobre la que está construido el castillo. Es la Torre de Poméguet, y aunque parece medieval, fue erigida en 1846. Es una magnífica atalaya para  poder ver desde aquí la ciudad de Marsella, con su Puerto Viejo en la base y la basílica de Nôtre Dame de la Garde encaramada sobre la montaña. También veremos el tráfico continuo de grandes barcos y ferries, procedentes de Italia o del Norte de África.
Desde la Torre de Poméguet también podremos distinguir el antiguo semáforo de Pomègues, que desde 1906 hasta 1999 sirvió para poder enviar mensajes visuales a lo largo de la costa. Muy cerca de él, al final casi de la isla, nos encontraremos los restos de los búnkers, nidos de ametralladora y cañones que los alemanes instalaron aquí para proteger a Marsella de una invasión aliada. 
En 1975 el ejército cedió finalmente las islas a la ciudad y, convertidas en un Parque Natural Marítimo son hoy en día una de las principales atracciones para sus habitantes. Muchos de ellos vienen aquí para ver las aves que se refugian en las islas. Entre las casernas en ruinas es muy fácil ver algunos polluelos de gaviota patiamarilla (Larus michahellis), con plumaje que parece de algodón. Son los pájaros más comunes del archipiélago, y los más agresivos: si nos acercamos a los polluelos o a una puesta de huevos camuflada entre las piedras seguro que los adultos nos atacarán con vuelos rasantes para intentar golpearnos la cabeza con sus fuertes picos amarillos. Otros pájaros será más difíciles de ver, como el halcón peregrino (Falco peregrinus) que a veces sobrevuela las islas o el azulado roquero solitario (Monticola solitarius), que salta por entre las rocas buscando alimento. Con un poco de suerte podremos vislumbrar el dragoncillo (Euleptes europaea), un pequeño reptil autóctono que, como las lagartijas, se alimenta de pequeños insectos y vive en las oquedades de las rocas.
Pero seguramente el animal más sorprendente que alguna vez haya pisado las islas Frioul fue el rinoceronte que a principios del 1516 hizo escala en If. Viajaba a bordo de una nao portuguesa con destino a Roma, y era el regalo con el que el rey Manuel I de Portugal deseaba congraciarse con el papa León X. El animal había sido en su momento un regalo del Sultán Muzafar II al rey de Portugal, y causó sensación en Europa, ya que no se veía ningún rinoceronte desde la época del Imperio Romano. Tanta fue la curiosidad, que el mismo rey Francisco I viajó hasta la isla de If para ir a verlo y la nave hizo escala delante de Marsella para complacer al rey francés. Otros testigos oculares describieron después como era el animal a Albrecht Dürer, el más famoso artista del Renacimiento alemán, que se inspiró en esas descripciones para realizar el grabado del rinoceronte que actualmente se encuentra en el Museo Británico de Londres y que se considera una de las primeras ilustraciones realistas de un rinoceronte.
Una escultura de barrotes de acero inoxidable recuerda, en el pequeño paseo marítimo del puerto de Ratonneau, la figura del histórico animal, y un pequeño cartel explica como inspiró el grabado de Dürer.
En realidad, el rinoceronte bocetado por el artista alemán distaba mucho de ser convincente, pero el papa de Roma tuvo que conformarse con ese retrato para verlo en su esplendor. El barco en que el rinoceronte hizo el último tramo de mar naufragó en la costa de Liguria, y como el animal iba bien sujeto con cadenas en la cubierta del barco, murió ahogado. Sus restos se recuperaron después, y la piel se envió de nuevo a Lisboa para rellenarla de paja. Cuando el animal disecado fue reenviado a Italia, la expectación en el Vaticano fue, como es de suponer, mucho más limitada de lo que había sido el animal vivo… 
Cuando naveguemos de nuevo en el barco de regreso a Marsella y pasemos por delante de la isla de If, la silueta del castillo nos recordará la figura del Conde de Montecristo. El pequeño paraíso natural en que se han convertido las islas Frioul en la actualidad podría haber cambiado la mentalidad del famoso prisionero. Posiblemente, si hubiera conocido todo lo que en realidad las islas podían ofrecerle, quizá nunca hubiera deseado escapar de ellas… 

GUÍA PRÁCTICA:
COMO IR
Un servicio de ferry diario da acceso al archipiélago de Frioul con parada a la isla de If con varios horarios durante todo el día. Las embarcaciones salen del Quai de la Fraternité, en el extremo del Viejo Puerto de Marsella, por lo que navegando en ellas podremos ver también todo el puerto y las fortalezas de su entrada.

CUANDO IR
La mejor época para ir es primavera, cuando las plantas están floridas y el calor todavía no es exagerado. En verano, el calor puede ser un poco sofocante, pero las playas y el mar están en su época perfecta.

DONDE COMER
En el pueblo de Ratonneau existen varios restaurantes que sirven la especialidad local, sopa de pescado bouillabaisse y otros platos principalmente de pescado y mariscos.

Si vas al sur de Francia quizá también te interesen estos artículos del blog sobre la región de Languedoc-Roussillon: 
-Les Grands Buffets, auténtica cocina tradicional
-En TGV hasta Narbonne
Puedes escuchar algunas recomendaciones sobre la ruta natural de las Islas Frioul en el programa que le dedicamos en en Radio Asturias, en el programa La Buena Tarde.



18 sept 2015

ANTHONY QUINN EN LA FILMOTECA

Ayer empezó en la Filmoteca de Catalunya un ciclo dedicado a uno de los mayores actores del siglo XX, Anthony Quinn. Que el ciclo sea parte de las actividades de Barcelona Vive México y que sea una iniciativa de la Asociación MexCat no es algo baladí, ya que el actor, a pesar de su nombre americanizado, era medio mexicano.
Anthony Quinn nació en Chihuahua en  1915 (el 21 de abril se cumplió el siglo), con el nombre de Antonio Rodolfo Quinn Oaxaca. Su padre era irlandés y su madre tenía ascendencia tarahumara y del propio estado de Oaxaca. Seguramente fue esta mezcla de sangre la que permitió a Quinn representar casi cualquier papel en el cine, y desde que empezó a la edad de 21 años (su familia se había trasladado a Los Angeles) hasta su muerte en 2001, Anthony Quinn participó en 325 películas en personajes que podían ser de casi cualquier parte del mundo: fue mexicano en ¡Viva Zapata! (1952, Elia Kazan) por el cual ganó el primer Óscar de su carrera, fue nativo americano en Murieron con las botas puestas (1941, Raoul Walsh), griego en Zorba el Griego (1964, Michael Cacoyannis), el beduino Auda Abu Tayi en Lawrence de Arabia (1962, David Lean) o incluso un esquimal en Los dientes del diablo (1959, Nicholas Ray).
Su hijo Lorenzo Quinn (Roma, 1966) presentó ayer a su padre en la inauguración del ciclo. Para él, el actor fue un monstruo de la interpretación, como demuestra su registro interpretativo, que le permitió representar los extremos de la variedad humana: fue pirata en El Cisne Negro (1942, Henry King), vagabundo circense en La Strada (1954, Federico Fellini), Paul Gauguin en El loco del pelo rojo (1956, Vincente Minnelli) o incluso el Papa en Las Sandalias del Pescador (1968, Michael Anderson).
Cuenta Lorenzo que sobre el arte de la interpretación, su padre le dijo: «El secreto de actuar es no actuar». Y realmente lo decía en serio, porque para prepararse los papeles Anthony Quinn se metía de lleno en los personajes a los que interpretaba, cosa que hacía sufrir a su familia más directa, que tenía que convivir con sus personajes. Cuenta Lorenzo que tuvo que casarse con su mujer Giovanna de escondidas por miedo a lo que podría decir su padre. Pero la familia de su esposa le urgían a que se lo dijera….
–No era el mejor momento, dice Lorenzo, ya que en esos momentos justo mi padre estaba rodando una película que se titulaba Venganza (1990, Tony Scott), donde interpretaba a un mafioso llamado Tiburón que quiere matar a Kevin Costner por quedarse con su chica.
Con el tiempo, fue a verlo a México, donde rodaba la película. Al final de unos momentos de tensión, Lorenzo le dijo:
–Papá, tengo que decirte algo muy importante, pero no sé como decírtelo.
Anthony Quinn miró serio a su hijo, con los ojos de Tiburón Méndez, el personaje que interpretaba entonces:
–¿Eres homosexual?
–¡No! ¡Me he casado!
Ahora llevan 26 años felizmente casados y tienen tres hijos.
Lorenzo desgrana otras anécdotas entrañables de su padre. Dice que en la vida de su madre (Jolanda Addolori) el período más tranquilo fue mientras su padre estaba ensayando el papel del Papa Cirilo I para Las Sandalias del Pescador. Entonces tenían a un santo en casa.
A veces su celo interpretativo le llevaba a enfermarse. Para el rodaje de Notre Dame de Paris (1956, Jean Delannoy) Anthony Quinn aceptó hacer el papel de Quasimodo y casi se convirtió en él, hasta el punto que le salió un eczema en la piel que no podían curar. Hasta que un psicólogo le dijo:
–Lo que tiene usted que hacer, Sr. Quinn, es dejar de ser Quasimodo.
Uno de los momentos más emotivos de la carrera como actor de Lorenzo Quinn (que se dedica actualmente principalmente a la escultura), fue cuando rodaba Terra de Canons.
–Como todas las películas de Antoni Ribas, se terminó el presupuesto antes de terminarse la película –dice Lorenzo–. El director me dijo a ver si tenía alguna idea para conseguir más dinero y yo le dije que hablaría con mi padre. 
Al final Anthony Quinn aceptó intervenir en la película con el papel del Sr. de Sicart, el padre en la película del personaje que interpretaba Lorenzo.
–Mi padre ya tenía entonces más de ochenta años y empezaba a estar enfermo. Hay una escena en la película en la que el padre saluda al hijo. La emotividad del encuentro entre actores es real, y para mí es uno de los momentos más especiales que guardo junto a mi padre.
Anthony Quinn vivió con intensidad incluso durante su vejez. A pesar de no ser especialmente atractivo, Quinn tenía una personalidad especialmente atractiva, una presencia capaz de arrebatar el protagonismo en las películas incluso a estrellas consagradas y una atracción por las mujeres bellas. Se casó tres veces y tuvo trece hijos con cuatro mujeres distintas.
–Aunque cada vez que voy a México me salen más hermanos –agrega Lorenzo medio en broma.
Las aventuras amorosas de Anthony Quinn podrían llenar todo un libro, pero su hijo Lorenzo lo acepta como parte de la personalidad de su padre e incluso agrega alguna anécdota más.
–Corría el año 1996 y mi padre ya tenía 81 años. Entonces volvíamos a estar embarazados y fui a ver a mi padre para contárselo. Papá, tengo que darte una buena noticia: voy a tener otro hijo.
A lo que Anthony Quinn, octogenario, le replicó:
–¿Tú también?
Estaba esperando a su último hijo, Ryan Nicholas.

Anthony Quinn fue genio y figura. El actor del pueblo, como dice su hijo Lorenzo. Un actor que fue amado por todos sus papeles y que todo el mundo reconocía. Nunca fue un diplomático y a veces su ideas no gustaban. Quizá es por ello que los actos de reconocimiento a su carrera son más bien escasos.

La iniciativa de este ciclo que ayer empezó y que mostrará películas tan diversas como La Strada, ¡Viva Zapata! y Viento en las Velas, ayudará a valorar todavía más la obra cinematográfica de Anthony Quinn, el actor del pueblo, medio irlandés y medio mexicano que supo convertirse en uno de los mayores actores internacionales.

13 sept 2015

LUCHA LIBRE MEXICANA EN BARCELONA

Hombres enmascarados saltando desde las cuerdas de un ring para acabar knockeando a su oponente. Esa es la imagen que me viene a la cabeza cuando escucho a alguien hablar de lucha libre mexicana.
Este fin de semana pude comprobarlo dentro de los actos de la Fiesta Barcelona Vive México organizada por MexCat que conmemora los 205 años de la independencia de México en la capital catalana. La cita se dio en un ring montado en la plaza mayor de El PobleEspanyol.
Los contrincantes: técnicos contra rudos y franceses contra mexicanos.
Las armas: sus manos, brazos, piernas y pies.
Y sobre todo sus llaves, puesto que lo que distingue la lucha libre mexicana de su homóloga americana es el mayor uso de llaves técnicas y acrobacias aéreas para poder reducir al contrincante.
Un árbitro internacional, Ricardo Corazón de León, se encarga de juzgar las infracciones y contar los segundos en los que un luchador intenta reducir al otro en el suelo. Si llega a tres, el combate termina con el inmovilizado como perdedor.
Mientras tanto, un diálogo entre dos presentadores (uno de ellos el gran Luis Morales de UMB RADIO) amenizan los combates con comentarios para ilustrar a los profanos y hacer reír al público congregado.
El gran combate final es en parejas: los franceses, con Luis Napoleón y La Fayette contra los mexicanos, Jalapeño López y Zebra Zulú. La entrada triunfal de los dos franceses es con el himno nacional francés, acompañado por los abucheos del público, mayoritariamente de origen mexicano. Llevan la cara descubierta, lo que ayuda a interpretar mejor sus facciones resignadas e incluso contrariadas por el recibimiento. A la entrada de los mexicanos el público aplaude. Son los favoritos.

El combate dura unos veinte minutos. Los golpes, llaves, saltos, impactos en la lona, patadas, golpes de antebrazo, intentos para sacar la máscara del rival, levantamientos, giros, sacudidas, volteretas, rebotes, acrobacias e incluso insultos se suceden a una velocidad vertiginosa en la que uno y otro luchador intentan reducirse uno al otro. Cuando uno de ellos se cansa, pica la mano de su compañero situado detrás de las cuerdas para que le reemplace. Y así el combate toma cuerpo y ritmo. El público familiar disfruta cada una de las acciones, puesto que se escuchan los golpes y se ven los impactos, pero en todo momento se percibe que son movimientos sincronizados, entrenados e incluso ensayados, por lo que, a diferencia del boxeo, el dolor entre la lucha es mínimo e incluso accidental cuando se le va a uno ligeramente la mano o los pies.

Acaban ganando los mexicanos, (¡cómo no!), y los franceses se retiran después de una derrota digna. Quizá el luchador que más ha destacado sea Jalapeño López, y quizá sea por ello por lo que, tras el combate, el público se quiere hacer fotos y selfies con él.
A lo mejor les viene a la memoria el personaje de El Santo, el más conocido de todos los luchadores de México, que a lo largo de su vida llegó a rodar hasta 52 películas en las que encarnaba a un superhéroe que luchaba no contra rivales en el ring, sino con gentuza del hampa, científicos locos o criaturas monstruosas… Si algo demuestra la lucha libre mexicana es que sus personajes trascienden más allá del ring y se convierten en inspiradores para la lucha contra la opresión, la maldad y la injusticia.

Si te interesa la lucha libre mexicana, no te pierdas este vídeo de mi amigo, Rubén y el mundo.

6 sept 2015

EL MUSEU DE CERÀMICA D'ESPLUGUES

Els arquitectes del modernisme (Gaudí, Jujol, Gallissà, Puig i Cadafalch, Domènech i Mintaner i molts altres) es reconeixen, entre d'altres, per l'ús abundant de la ceràmica en la decoració de les seves obres. La façana o el pati de llums interior de la Casa Batlló n'és un bon exemple. 
La gran part d'aquestes rajoles que decoren els principals edificis modernistes té un únic origen: la fàbrica LA RAJOLETA, de Pujol i Bausis a Esplugues de Llobregat.
Vaig tenir la oportunitat de visitar-la el juliol passat convidat pel Consorci de Turisme del Baix, que l'ha inclòs dins l'itinerari de monuments a visitar en la seva RUTA DEL TRAM.  
Juntament amb la casa CAN TINTURÉ, molt propera, forma part del MUSEU DE CERÀMICA d'Esplugues i un recorregut pels seus espais ens permetrà conèixer l'evolució de la ceràmica catalana des del segle XIV.
LA RAJOLETA és un complex industrial del qual en destaquen dues altes xemeneies i diversos forns enterrats i visitables. Les primeres instal·lacions són de la dècada del 1850, quan dos socis francesos (Màrius Jourdan Bourell i Joan Terrada Cornet) funden una fàbrica de maons. A partir del 1870, comandada per Jaume Pujol i Bausis, comença a prendre importància com a fàbrica de ceràmica decorativa. 
Una sèrie de panells informatius i vitrines amb objectes descriuen les diferents tècniques emprades tant per a l'elaboració com per a la cocció. Es veuen les restes de les basses de decantació, l'estança dels molins, el racó del fang, l'assentament de la màquina de vapor i els antics forns, de fins a quatre tipologies diferents: àrabs, soterrats, d'ampolla i de reflex metàl·lic. 
CAN TINTURÉ complementa la visita amb una mostra de ceràmica (sobretot catalana) d'entre el segls XIV i XIX, provinent de la col·lecció de Salvador Miquel. En destaquen sobretot les ceràmiques de farmàcia, una meravella artística!
Si no teniu pensat res a fer aquest cap de setmana, aquesta és una de les visites imprescindibles per a conèixer el nostre patrimoni industrial i artístic a tocar de Barcelona.
I aneu-hi en Tram, si us plau!












5 sept 2015

Nits màgiques a Casa Batlló

Nits d'estiu, plàcides vetllades a la fresca... Una copa, un grup de música, una terrassa, una joia de l'arquitectura barcelonina... 
Això és el que proposen les NITS MÀGIQUES DE BARCELONA, en la que aquest any també hi participa la Casa Batlló.
Fins el 26 de setembre tens l'oportunitat de gaudir d'una d'aquestes nits màgiques d'estiu, amb (o sense) visita a la magnífica obra mestra d'Antoni Gaudí.

Viu la vetllada més íntima, fresca i distingida a la part alta de la joia arquitectònica de Gaudí. L’atmosfera nocturna més singular combina art, música en directe, copes i degustacions gastronòmiques. El drac de la llegenda de Sant Jordi serà el teu únic còmplice i testimoni!
VISITA COMBINADA: 36€
• Visita la casa gaudint de la Videoguía Premium a les 20 hores
• Accés al Terrat del Drac a les 21 hores
• Apassionant espectacle de música en directe amb els millors intèrprets
• Una copa inclosa
• Degustació gastronòmica opcional
NITS MÀGIQUES: 29€
• Accés al Terrat del Drac a les 21 hores
• Apassionant espectacle de música en directe amb els millors intèrprets
• Una Copa inclosa
• Degustació gastronòmica opcional








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