18 jul 2015

Robben Island, la prisión de Nelson Mandela

Si hay un lugar en el mundo que represente mejor la resistencia a la opresión, éste es, sin lugar a dudas, Robben Island, en Sudáfrica. Y más en concreto, la celda nº4 del bloque B, de la prisión de máxima seguridad donde Nelson Mandela (alias 466/64) pasó 18 años de los 27 que estuvo encarcelado.
Desde que Robben Island fue abierta al público en 1999, es una de las mayores atracciones de Ciudad del Cabo, y una visita obligada para entender la lucha contra el Apartheid y la importancia de Nelson Mandela en la creación de la nueva Sudáfrica.
Para llegar a la isla sólo se puede hacer en uno de los ferris que salen cada hora del Victoria & Albert Waterfront de Ciudad del Cabo y que están incluidos en el tour.
El nombre holandés de Robben Island hace referencia a las muchas focas que vivían en la isla. Fueron cazadas intensivamente y actualmente ya no hay colonias que críen en sus costas, pero durante el trayecto de cincuenta minutos en barco desde Ciudad del Cabo hasta la isla se pueden ver varias de ellas jugando en la superficie del agua al paso del ferry.
Desde el muelle de Murray’s Bay se entra caminando al recinto carcelario, cuya entrada es un ancho arco con la inscripción “We serve with pride / Ons dien met trots”: servimos con orgullo. Me recuerda algo al “Arbeit macht frei” de Auschwitz…
Uno de los primeros prisioneros políticos en ser encarcelado en Robben Island fue Autshumato, un cabecilla de la etnia san que hizo de intérprete para los holandeses de Ciudad del Cabo a partir de 1652. Como resultado de una escaramuza, Autshumato fue enviado a Robben Island en 1658, pero después de un año y medio de reclusión, pudo escapar en un bote de remos. En 1690, el prisionero Jan Rykman escaparía nadando, convirtiéndose en el primero en conseguir la hazaña.
La visita de Robben Island
Durante un tiempo Robben Island también albergó una leprosería y un centro de cuarentena animal, pero con el tiempo, la isla reforzaría su imagen como prisión y sitio de expulsión especialmente para los presos políticos del Apartheid a partir de 1961. Su aislamiento la hacía especialmente indicada para dificultar las visitas y a la vez impedir escapar.
Montamos en un bus para ir a visitar la isla: en el centro, con un color blanco resplandeciente bajo el sol, la cantera de piedra caliza donde los prisioneros eran forzados a cargar piedras de un lado para otro para desmoralizarles. En los momentos de descanso, cuando el sol arreciaba y cegaba la vista, se reunían dentro una pequeña cueva que aún existe. Ahí enseñaron a escribir a los analfabetos, y hablaban del futuro entre ellos. El sitio sería conocido como la Universidad de Robben Island.
Junto a la cantera, pasamos por delante de la casa de Robert Sobukwe, donde el disidente político pasó seis años de confinamiento solitario, sin poder hablar con nadie. Mandela y sus compañeros, al menos, podían hablar entre ellos mientras estaban
fuera de las celdas.
La prisión por dentro
Regresamos al bloque B para conocer la prisión por dentro. Desde fuera, el edificio se muestra como una fortaleza inexpugnable de la cual es imposible entrar o salir sin permiso: altos muros de hormigón rematados con alambre de púas y omnipresentes torres de vigilancia. Uno de los empleados se acerca a la gran puerta metálica exterior y da unos cuantos golpes ceremoniales con el picaporte. Se oye el eco retumbar en los pasillos interiores. Después de unos segundos, un hombre abre la puerta y nos sonríe. Será nuestro guía a través de las galerías, celdas, lavabos y comedor de la prisión: se llama Ntuza Talakumeni, aunque aquí se le conocía con un número, 58/86. Fue prisionero político por pertenecer a la guerrilla del ANC y haberse formado en Cuba y Angola. Tiene 62 años, una cara agrietada por el sol, le faltan unos cuantos dientes y aún camina con un cierto encorvamiento heredado de los trabajos forzados que realizó aquí. Hace ya quince años que vive y trabaja en Robben Island de una manera muy distinta: ahora es guía y tiene por vecinos a algunos de los viejos guardias que después del cierre de la cárcel quisieron quedarse también. “Ahora todos somos iguales” dice Ntuza, “ya les he perdonado. Vivimos juntos en la isla y hasta somos amigos”.
La celda de Mandela
Entramos en el largo corredor con celdas a lado y lado. La de Nelson Mandela está cerrada con la misma puerta de barrotes que durante tantos años le mantuvo dentro y los mismos objetos que encontró cuando llegó aquí por primera vez. Uno a uno los visitantes la miramos con una mezcla de aprensión y admiración: una celda espartana de 2,4 x 2,1 metros de superficie con cuatro mantas, un colchón, un orinal, un taburete, y una pequeña ventana con barrotes que da al patio amurallado en la que solo se podía ver un poco de cielo azul que contrasta con el gris de la piedra.
En el patio, a Mandela y sus compañeros les hacían romper las piedras a martillazos y sufrieron humillaciones constantes: debían llevar siempre pantalones cortos, su comida era escasa y mala y sus visitas y cartas se limitaban a una anualmente.
Antes de subir al autocar, le pregunto a Ntuza qué le llevó a querer quedarse para hacer de guía. Piensa un poco y responde serio: “Lo hago para demostrar al mundo que Sudáfrica ha cambiado”.
Sin duda, Robben Island fue en su día una de las caras más vergonzosas de la política del Apartheid y su racismo. Si al caer el régimen blanco Mandela pudo rehacer el país fue, en gran medida, por esas reuniones en la “Universidad” de la cantera. En su gobierno, Mandela se rodeó de unos cuantos de sus compañeros de prisión con los que habían planificado como debería ser su país perfecto, así que la misma Robben Island que les había privado de libertad también contribuyó a convertir Sudáfrica en un nuevo país: la Nación del Arcoíris.
La resiliencia de esos hombres a lo largo de tantos años de presidio forjaría la leyenda de los prisioneros de Robben Island y convertirían la prisión y la isla en el símbolo único del triunfo del espíritu humano sobre la adversidad, el sufrimiento y la injusticia.

Jordi Canal-Soler

Este artículo fue publicado inicialmente en el periódico AFROKAIROS, en el número de mayo de 2015.



Descobrint Jujol a Sant Joan Despí

Si Barcelona és la ciutat de Gaudí, amb un bon grapat d’obres arquitectòniques que li donaren prestigi i reconeixement que avui en dia atreu milers de turistes l’any, aleshores Sant Joan Despí, a pocs quilòmetres de la capital, és la ciutat de Jujol.
Josep Maria Jujol i Gibert nascut a Tarragona el 1879, en va ser l’arquitecte municipal i moltes cases d’aquesta població duen la seva empremta.
Jujol va ser alumne de gaudí i també va contribuir en algunes de les seves obres (especialment les decoracions acolorides de la sala hipòstila i els bancs del Parc Güell o els balcons de la Casa Milà), però de seguida va sorgir com a arquitecte amb entitat pròpia (que ha estat reconeguda per l’actor John Malkovich, amant de la seva obra i per una càtedra dedicada a Jujol a la Universitat de Tòquio).
A Sant Joan Despí destaquen dues grans obres de l’arquitecte, fàcilment visitables en transport públic amb el TRAM Baix.
Per una banda hi ha la Torre de la Creu (dita també Torre dels Ous),que Jujol va construir el 1913 per a la seva tia Josefa Romeu, vídua de Gibert. Volia una casa amb dues vivendes, i el seu nebot li va construir amb cilindres i formes arrodonides rematat amb un teulat de cúpules decorades amb trencadís. Un parell de miradors actuen com a torretes que sobresurten dels teulats de cases baixes del barri residencial d’aquesta part de la ciutat. Posteriorment els dos habitatges van ser units i actualment és ocupat per la Universitat de Barcelona, però encara es manté la decoració acolorida dels marcs de les portes i les parets i la gran reixa de ferro forjat que dóna al carrer.
L’altra gran obra d’art de Jujol a Sant Joan Despí es troba a la Plaça de Catalunya. Es tracta de CanNegre, una masia del 1680 pertanyent a la família Negre i que va ser reformada per l’arquitecte per a convertir-la en una residència elegant. Hi va afegir un pis superior però va mantenir la façana, a la que hi va fer una sèrie d’esgrafiats amb referències a la Mare de Déu i a les vinyes dels camps de les terres dels Negre.
És d’especial bellesa el balcó amb vidriera sobre la porta principal. L’edifici és actualment el Centre Jujol, un centre artístic que acull exposicions i classes d’art, però encara s’hi pot veure elements decoratius elaborats per Jujol, com l’escala de fusta molt decorada i les portes de les habitacions principals. 
És curiosa una d’elles, pintada amb unes lletres que la majoria de la gent entén com a Glòria i Elena (com si fos el nom de les filles que ocupessin l’habitació) i en canvi signifiquen “Gratia Plena”, en referència a la Verge reverenciada a la capella que hi ha just davant. Aquesta capella és una de les sales més decorades de tot l’edifici, i conserva encara els mecanismes originals per a poder obrir la finestra.
Jujol potser no té el reconeixement de Gaudí, però en algunes habilitats, com el dibuix i el domini del color, l’excel·lia plenament, i és a través d’obres singulars com aquestes que mica a mica va guanyant prestigi i posicionament com un dels grans arquitectes del modernisme.
Aquesta visita forma part del recorregut de descobriment de la Rutadel Tram.

10 jul 2015

SUDAFRICA a la MOSTRA DE TURISME JUVENIL



Dins la Mostra de Turisme Juvenil de Barcelona, el proper dimarts 14 de juliol presentaré la xerrada amb fotos SUDÀFRICA, LA NACIÓ ARC IRIS, a la Biblioteca Vila de Gràcia.

Sudàfrica és coneguda com la Nació Arc Iris, amb onze llengües oficials i una gran diversitat ètnica. Al llarg d’un recorregut per les seves principals regions en coneixerem la història antiga i recent, descobrirem la riquesa de les seves tradicions i explorarem una de les zones d’Àfrica amb més diversitat de paisatges i d’animals, podent observar des de lleons i hipopòtams a foques i pingüins.


Durant el recorregut visitarem Soweto a Johannesburg, el Parc Nacional Kruger (un dels més grans del món), els Camps de batalla de Zululàndia, les escarpades muntanyes Drakensberg, els parcs nacionals d’Addo, Mountain Zebra i Hluhluwe-Imfolozi, les mines de diamants de Kimberley, els paisatges verds de la Garden Route i acabarem el viatge a Ciutat del Cap, on pujarem a la Table Mountain per a admirar les vistes i visitarem l’illa de Robben Island per a veure la cel•la on va estar empresonat Nelson Mandela. 

Cal inscripció prèvia al mail info@elpuntdegracia.org o al telèfon 93 368 10 05



  • Activitat gratuïta
  • On: Biblioteca Vila de Gràcia
    Dates: 14/jul
    Hores: 19:00 - 20:30 
  • Adreça: Torrent de l'Olla 104
    Localitat: Barcelona

7 jul 2015

ALASKA I EL YUKON a la MOSTRA DE TURISME JUVENIL

Avui a les 18h al Punt d'Informació per a Joves de Nou Barris (Espai Jove Les Basses, c/Teide 20 de Barcelona) presento la xerrada amb fotografies TREKKING PER ALASKA I EL YUKON. EL CAMÍ DE L'OR. La xerrada s'inclou dins el cicle de la Mostra de Turisme Juvenil de Barcelona.

El 1896 tres miners van descobrir or al Klondike, a les remotes regions interiors del Territori del Yukon del Canadà. Quan a l’estiu següent els primers vaixells carregats d’or van arribar a Seattle i a San Francisco, més de 100.000 persones van deixar les seves famílies i les seves feines per a embarcar-se i marxar cap al nord, en el que ha estat coneguda com la gran Febre de l’Or del Klondike. De tota aquella gent que va marxar amb l’esperança del mineral groc, només unes 50.000 persones van arribar a Dawson, la ciutat a la vora del Yukon que va sorgir amb la Febre. D’aquestes, només 4.000 van aconseguir trobar or, i només 400 persones van aconseguir immenses fortunes.
En aquest viatge seguirem els passos d’aquells aventurers que ho van deixar tot enrere per a buscar l’or del Klondike. Sortirem de Juneau, la capital d’Alaska i navegarem entre els canals i els fiords del Sud-Est d’Alaska per a arribar fins a Skagway i Dyea, d’on sortia la ruta terrestre cap al Nord. Són ciutats frontereres, sorgides del no res i creades per a donar servei als miners. Coneixerem com es preparaven per a sobreviure a l’hivern glaçat del Yukon i com els malfactors i estafadors intentaven buidar-los les butxaques amb tota mena d’estratagemes ideades pel rei d’Skagway, Soapy Smith.


Des d’aquí iniciarem el trekking del Chilkoot Trail, anomenat el Museu Més Llarg del Món, perquè al llarg dels 53 km del recorregut els miners que entraven al Canadà anaven abandonant tot aquell material que se’ls havia fet malbé o que pesava massa per a transportar-ho amunt del Chilkoot Pass, una alta i llarga rampa de neu que la història del cinema ha immortalitzat en pel·lícules com “La Quimera de l’Or”, de Charles Chaplin.
Un cop dalt del pas, i ja al Canadà, els aventurers arribaven al Lake Bennett, on construïen una barca per a baixar per les aigües del riu Yukon i arribar, finalment, a Dawson.
Seguirem les passes d’aquests aventurers i d’homes com Jack London, l’escriptor, que va ser aquí durant la Febre de l’Or i que va escriure’n en llibres com “La Crida del Bosc” o “Ullal Blanc”.
I mentre dura el viatge coneixerem la fauna i la flora del país, amb els boscos espessos de les parts baixes, el prat alpí de les muntanyes i les amples extensions de pícees de l’interior del Canadà. Caminarem sempre amb precaució per a no trobar-nos amb els óssos sempre omnipresents, ens fixarem en els rius plens de salmons i veurem les àguiles de cap blanc al cel, els ants a les vores dels camins i els caribús a la llunyania de les planes de la tundra.

Un viatge que combina el present de la naturalesa més salvatge amb el passat d’un episodi històric reflectit encara en el paisatge excavat de les mines d’or del Klondike.

Activitat gratuïta, amb inscripció prèvia al PIJ Nou Barris.

Més informació a: www.bcn.cat/mostraturisme i www.facebook.com/turismejove

On: PIJ Nou Barris

Dia: dimarts, 7 de juliol

Hora: 18 h

VIAJE AL BLANCO a GAVA TV

GAVA TVA la Cloenda del Grup de Raquetes de Neu de la UME (Unió Muntanyenca Eramprunyà) hi vaig presentar el divendres passat el llibre ‪VIAJE al BLANCO‬ i la televisió local de GAVÀ se'n fa ressò al seu programa EL MARCADOR.


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