9 mar. 2018

Entre el desierto y la montaña de Omán

Agreste y árido, de altas cumbres afiladas y quebradas por la erosión, el paisaje del norte de Omán se complementa con las suaves dunas de arena fina del desierto de Sharqiya. Y en los oasis entre la montaña y el desierto florecen algunas ciudades antiguas cuyos fuertes y castillos guardaban la frontera.

Aquí te contamos qué ver en el

DESIERTO Y MONTAÑA DE OMÁN

MONTAÑA Y DESIERTO en OMAN

Las montañas de Al Hajar

La costa del norte de Omán está separada del desierto interior por la cordillera de los montes Al Hajar. En árabe significa “Las Montañas Rocosas” y el nombre está perfectamente escogido, ya que si algo define a las montañas de Omán es su esencia rocosa: la escasez de lluvias impide el crecimiento de cualquier vegetación en las laderas montañosas, que aparecen totalmente desnudas y se convierten en esculturas de piedra erosionadas por el viento, perfectos libros de geología que cuentan la historia de millones de años. Pero sí llueve un poco en las montañas de Al Hajar, y cuando lo hace el agua se precipita pendiente abajo y acaba formando ríos de aguas cristalinas estacionales, llamados uadis, del que Omán está repleto. Uadi Shab, Uadi Tiwi,… muchos de ellos se han convertido en atracciones turísticas con senderos bien marcados para adentrarse en sus márgenes llenos de vegetación.
Rocas desnudas

Uadi Bani Khalid

Entro en Uadi Bani Khalid, uno de los más espectaculares por el gran palmeral plantado en su extremo final y el lago que se forma poco antes. Lo bordeo encaramándome por las rocas que lo flanquean, refrescando mi vista aquí y allá en las pozas de aguas turquesas que se forman entre las paredes del cañón que se abre en la montaña. El sol quema en el cielo, pero a la sombra del desfiladero y sumergiendo los pies en el agua fresca apenas se nota el calor.

Jebel Shams y el Cañón de Arabia

Una carretera me lleva mucho más arriba, cerca de Jebel Shams que, con 3.009 metros, es la más alta del país. Camino aquí por un sendero aéreo que bordea la parte interior del Cañón de Arabia desde el pueblo de Al Khitaym. Las vistas son espectaculares, con mil metros de caída hasta el fondo del valle y la pared del lado contrario levantándose frente a mí. Un par de buitres surcan los vientos dando vueltas y cuatro cabras buscan comida entre secos arbustos. El lugar es remoto y agreste, pero aquí vivió una próspera comunidad plantando vegetales en terrazas suspendidas, viviendo en cuevas y bebiendo agua de las cascadas. El desierto es también hospitalario en los uadis.
Cañón de Arabia en Jebel Shams

Nizwa

La mayor de las ciudades entre las montañas y el desierto, Nizwa tiene una larga historia (fue capital de Omán durante los siglos VI y VII d.C.) y un enorme fuerte en el centro que la protege. El fuerte data de 1668, cuando el sultán Bin Saif Al Ya’rubi decidió protegerla del ataque de las tribus vecinas. Es el monumento nacional más visitado, en parte por la facilidad de acceso, ya que se encuentra justo en el centro de la ciudad. Nizwa es una ciudad de comerciantes, con un gran mercado donde perderse entre los tenderetes, regatear, admirar la producción de cerámica local o dejarse seducir por alguno de los perfumes tradicionales que se venden en el zoco. La ciudad creció alrededor de una gran plantación de dátiles, pero también porque aquí paraban todas las caravanas que cruzaban el desierto hacia la costa.
Cerca de Nizwa se encuentra el falaj Daris, uno de los muchos canales de irrigación que conducen el agua de las montañas hacia los campos de cultivo y que son parte del milagro de que la vida haya prosperado en este lugar del desierto de Omán.

Bahla
La gran joya arquitectónica de Omán es el fuerte de Bahla, en la ciudad del mismo nombre, un gran oasis fortificado. Desde 1987 forma parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y con razón. Es un enorme recinto amurallado, de altas y sólidas torres, construido enteramente con ladrillos de adobe (barro y paja sin cocer).
El fuerte fue construido entre el siglo XII y XV por la tribu de los Banu Nebhan, que controlaban el comercio de incienso en la zona. De 1154 a 1624, los Banu Nebhan gobernaron Omán y se enriquecieron gracias a las caravanas de incienso que pasaban por aquí desde Dhofar a Sohar, Bahrein, Bagdad y Damasco.  
También es muy interesante la vecina mezquita de los viernes, con un gran mihrab (púlpito) esculpido y que se encuentra en un promontorio junto al fuerte, dominando la vieja ciudad y el palmeral. Una muralla protegía antiguamente la ciudad y aún quedan huellas de los grandes muros y puertas.
Fuerte de Bahla
Omaní en la mezquita de viernes en Bahla

Sharqiya Sands, el desierto amable de Omán
Pero si algo destaca en esta región al oeste de las montañas es Sharqiya Sands, un desierto de dunas de 12.500 kilómetros cuadrados con varios campamentos en los que disfrutar de una noche en el desierto. El todoterreno que me lleva a Oryx Camp a toda velocidad parece flotar en la arena fina y navegar por las dunas como si fueran olas. Este dune bashing es parte de la aventura en el desierto para ver la puesta de sol, una experiencia inolvidable que me prepara para la cena en el gran comedor. Es el momento de disfrutar de la auténtica comida omaní escuchando música tradicional de tambores y laúd: arroz machboos, tripas en muqalab y curry de carne. Los dátiles y un café con cardamomo terminan endulzando la velada, y cuando termina la música salgo afuera del mahlis, la sala comunitaria. El silencio es casi absoluto: solo escucho los granos de arena movidos por la brisa, el leve ronroneo de un par de órices en un corral cercano y el quejido de los camellos que me llevarán mañana a ver la salida del sol desde las dunas cercanas. La noche es fresca, pero me quedo un buen rato contando las estrellas antes de retirarme a mi tienda a descansar.
Aquí, en Omán, incluso el desierto es acogedor. 
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